viernes, 22 de junio de 2018

"MEDEN AGAN"





No me estoy refiriendo al conjunto musical griego que interpreta música de la llamada “Metal Sinfónica”. Me refiero a una frase que figuraba grabada en el frontispicio del templo de Apolo, en Delfos. Allí, junto a la muy famosa de “Conócete a ti mismo”, aparecía “Meden Agan”: “Sin Excesos”.
Y estaba allí para honrar la memoria de un poeta, político, legislador y hombre sabio llamado Solón, considerado uno de los Siete Sabios de Grecia.
La vida de este personaje es un ejemplo de superación y de enfrentamiento con la adversidad. Hijo de una familia muy bien situada, su juventud discurría plácidamente hasta que su padre, afamado hombre de negocios, cayó en bancarrota.
Solón, que pasó de la opulencia más ofensiva a la pobreza más absoluta, se hizo cargo de la quebrada hacienda familiar y en pocos años consiguió sacarla a flote, ganando, además de un importante patrimonio, la fama de hombre sagaz y de honrado, lo que no era poco en aquellos años.
Nunca se había metido en política, si bien se había relacionado con las altas jerarquías de Atenas, así que cuando llegó el momento de las elecciones en la ciudad no pudo evitar que sus conciudadanos lo eligiesen por aclamación para “arconte”, representante de una clase social que era conocida como “eupátrida” que quiere significar algo así como “los bien nacidos”.


Busto de Solón en el museo de Nápoles

Cuando se dice que Grecia es la cuna de la democracia, conviene señalar que no todas las “polis” griegas aplicaban principios democráticos en su gobierno y la única verdadera democracia es la que se vivía en Atenas, la capital de una zona conocida como Ática que, frente a las otras ciudades estados, tenía la ventaja de haber desarrollado un floreciente comercio naval, que junto a unas minas de plata y canteras de mármol, impulsaron a la floreciente sociedad ateniense.
Al poco de ser elegido, Solón se había hecho casi por completo con el control legislativo de la ciudad en la que empezó a demostrar su verdadera valía.
Una de sus primeras medidas fue la abolición de la esclavitud por deudas, una situación muy delicada que estaba llevando a la ciudad a una pérdida constante de artesanos cualificados y pequeños propietarios que abrumados por los débitos, muchas veces usurarios, terminaban convirtiéndose en esclavos del acreedor; la otra medida, complementaria de ésta fue la devaluación de la moneda, para facilitar que los libertos pudieran extinguir sus deudas con mayor facilidad.
Su siguiente medida y lo que causó una gran revolución fue la de dividir a la población según el censo fiscal.
Todos los ciudadanos del Ática eran libres y estaban sujetos a las mismas leyes, pero los derechos no eran igual para todos, estaban baremados según los impuestos que pagaba cada uno.
Los que más contribuían tenían el privilegio de servir más y mejor a la comunidad, en la que se valoraba altamente el poseer un cargo público, tanto en el ejército como en las distintas administraciones.
La sociedad quedó dividida en cuatro clases cada una de ellas con más derechos que la siguiente en el escalafón.
Solamente de entre los primeros se elegía a los “arcontes”, los diputados o magistrados de la ciudad, por votación directa entre todos los ciudadanos pertenecientes a dicha clase.
Hoy sería algo incomprensible, porque se ha luchado por el sufragio universal y solamente por sentencia judicial se puede tener restringido el derecho a elegir o ser elegido, pero en aquella sociedad de hace dos mil quinientos años, la cosa debió parecer como lo más natural del mundo.
¿Cómo va a participar en el gobierno de la “polis” quien no contribuye a su mantenimiento?
Parece una reacción lógica para una sociedad reducida en la que prácticamente todos los ciudadanos se conocían.
Pero el legislador no paró ahí; fue aún más allá y le metió mano al código moral y de buenas costumbres, calificando el ocio como delito contra la ciudadanía y condenando, a quien no ejercía ninguna actividad productiva, a penas como el ostracismo o la pérdida de la ciudadanía, con todas las consecuencias que eso conllevaba.
Los atenienses no elegían a nadie para que los representara, cada uno podía exponer su pensamiento en las reuniones del “parlamento”, cosa que ocurría semanalmente y allí se agrupaban los ciudadanos según las facciones a las que pertenecían, pudiendo hablar por turnos, sin más limitaciones que el tiempo que marcaba la clepsidra. Lo hacían al aire libre, en la Acrópolis o en algún teatro y solían durar todo el día y a veces hasta bien entrada la noche.
Pero una condición exigida a cada interviniente, que lo hacían por orden de edad, era que debía estar legalmente casado, carecer de antecedentes de todo tipo, poseer algún bien o ingresos y estar al día con sus tributaciones a la ciudad.
Seguro que así, la lista de intervinientes se reducía considerablemente, razón por la que les era posible aplicar esta forma de democracia directa y única real.
Sí, ya se sé que se excluía a mucha gente, pero ¿no es lógico que quién no contribuye al sostén de la casa, no pueda opinar sobre la forma de llevarla?
Hoy nos hemos enterado que el Partido Popular que va a celebrar elecciones primarias exige a sus afiliados estar al día en la cuota de afiliación, o hacer un ingreso de determinada cantidad para poder votar, por tanto no parece extraño que ya el Grecia se aplicara esta condición, es más, parece muy avanzada.
Los oradores debían ser claros, cortos, concisos y concretos, pero además, se comprometían con sus propuestas de tal forma que si un año después de haber puesto en funcionamiento la propuesta de determinado ciudadano, se había comprobado la ineficacia de la misma, o sus efectos negativos, además de que el parlamento acordaba la suspensión del acuerdo, podía multar al proponente.
¡Qué pena que se haya perdido esta costumbre! ¡Cuántas estupideces nos estaríamos ahorrando!


La Acrópolis de Atenas

Por el contrario, cuando una propuesta se mostraba eficaz, se votaba por aclamación y de salir elegida, se convertía en ley de obligado cumplimiento, si bien se exigía el dictamen previo de un consejo de ciudadanos que podría semejarse a un Tribunal Constitucional, que lo formaban quinientos ciudadanos elegidos al azar, claro que entre los que ya hemos mencionado anteriormente y que eran los que daban el visto bueno para conformar esa nueva ley.
Con el poder ejecutivo ocurría algo similar, si bien éste era ejercido solamente por nueve ciudadanos elegidos al azar, pero que previamente habían demostrado que sus ascendientes eran, por las dos ramas, atenienses de pura cepa, haber cumplido con todos sus deberes militares y contributivos y algo muy especial: estar dispuestos a que sobre sus vidas se hagan todo tipo de averiguaciones e insinuaciones.
Por último y esto si que es algo que tenemos que echar en buena falta, los aspirantes tenían que pasar por un proceso que se llamaba “doquimasia”, que no era otra cosa que una especie de examen psicotécnico en el que se demostraran las cualidades del candidato, su formación humanística y técnica, su nivel intelectual, etc.
Después de un año en el cargo, su gestión era examinada por el ejecutivo en pleno y sometida a profunda investigación, cuyo resultado iba desde la reelección a la pena de muerte, pasando por la jubilación, si no había motivos para lo uno o lo otro.
En la actualidad esta situación de democracia directa es impensable, además de que resultaría imposible de llevar a la práctica, ni siquiera volviendo a un sistema de “polis” a semejanza de las clásicas, pero eso no nos impide dejar volar la imaginación, aunque sea un vuelo efímero y pensar en tantos y tantos políticos de mentira que no se atreverían a abrir la boca para proponer las banalidades a que nos tienen acostumbrados, si sus propuestas pudieran acarrearles consecuencias como las mencionadas.
¡Qué maravilla!

*Todo esto está recogido del libro “Historia de los griegos”, de Indro Montanelli.

5 comentarios:

  1. Muy oportuno e interesante. Me agrada que hayas bebido en las fuentes de Indro Montanelli, muy admirado por mí.

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  2. ¡Qué gusto volver a leer tu lupa! Y qué pena que de la democracia griega "tan sólo queda el nombre".
    Un abrazo y adelante.
    Tu tocayo .

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  3. Esta muy bien el sufragio universal, pero se corre el riesgo de elegir un gobernante que es producto del marketing o de la publicidad y carente de cualidades para mandar.

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  4. Comisario
    me alegra poder nuevamente leer TU LUPA pue en todas ellas aprendo algo mas.
    en cuanto al examen psicotecnico que se hacia a los que queriaj ejrercer ciertos cargos politicos, hace unos dias tambien leía la queja de un profesional de que a él se le exigia unos exámenssmuy exustivcos de su estado psicologico y sin embargo las Cortes generales provamen a una ¨Persona para Presidente sin someterle a ningun examen de su estado mental.

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