sábado, 12 de abril de 2014

EL PRIMER DESNUDO DEL CINE





Por exigencias del guión. Esa era la frase que, hace ya unos años, justificaba que una actriz o un actor tuviera que aparecer desnudo en la pantalla.
Actualmente las cosas han cambiado y mucho. Ya el guión no lo exige, lo exige el público y los productores y directores están muy dispuestos a dar al público lo que pide, siempre que con eso se llenen las salas de cine y los periódicos ensalcen con sus criticas la película.
Basta que una actriz posea un bello rostro y un cuerpo bien torneado para que las productoras le oferten cantidades considerables para aparecer desnuda en la pantalla, sea cual sea el guión de la película que ya los escritores a sueldo sabrán buscar el momento oportuno para que la chica vaya a la ducha, interprete una tórrida escena de amor o simplemente sea espiada a través del ojo de una cerradura mientras se cambia de ropa.
El guión ya da igual porque nadie se pregunta qué necesidad tenían de mostrar desnuda a la actriz, sino todo lo contrario: ¿porqué nunca sale desnuda aquella otra?
En España vivimos un largo período de un cine que se llamaba “S”, ¿lo recuerda? Era un cine erótico, sin llegar a pornográfico o bien sicalíptico de baja intensidad, como diríamos ahora y por el que pasaron todas las actrices españolas de cuerpos deslumbrantes.
Sin lugar a dudas aquello fue un tremendo negocio, toda vez que desde años antes, muchos españoles eran capaces de ir a Francia gastándose un pastón, solamente para ver El último tango en París, película que no tenía más atractivo que ver desnuda a María Schneider y cómo Marlon Brando ponía de moda la mantequilla para otros usos que no los alimenticios.
El cine de destape fue un negocio para productores y exhibidores, pero los protagonistas no consiguieron nada más que sobrevivir durante algunos años.
Y es que el desnudo por el desnudo lleva a pocos sitios y la gente acaba por aburrirse de que no le cuenten verdaderas historias interesantes y que lo tomen por tonto, ofreciéndole solamente carne fresca, por muy apetitosa que ésta sea.
Muy pocas actrices consiguieron un lugar en el palmarés del celuloide sólo por exhibir sus cuerpos; yo diría que casi ninguna si exceptuamos a la tal Schneider o la Silvia Kristell de Enmanuel.
Pero eso ocurría en los años setenta, después de un período de puritanismo mundial ocurrido tras la Segunda Guerra.
Pero, ¿qué había ocurrido antes? Pues desde que se inventó el cine, siempre hubo producciones para la pública exhibición y otras para la proyección en privado. Películas pornográficas grabadas con muy escasos medios y con un plantel de damas y galanes muy al gusto de la época, para las sesiones privadas y películas musicales y con densos argumentos, guapos actores y bellas actrices para las salas comerciales.
Éstas últimas, paradigmas de la honestidad, del recato y de las buenas costumbre, sin embargo entre ellas se deslizó una cinta grabada en 1932 que es la que da título a este artículo.
La película se llamó “Éxtasis” y era de nacionalidad checa y protagonizada por una joven y bellísima actriz austriaca llamada entonces Hedwig Eva Maria Kiesler.

“Éxtasis” fue la primera película de la historia en la que durante más de diez minutos, se exhibió completamente desnuda una mujer.

Cartel de Éxtasis para la proyección americana años después de haberse rodado

¿Y quién era aquella chica joven que se atrevió a rodarla?
Hedwing Eva Maria Kiesler nació en Viena el 9 de noviembre de 1914, hija de un matrimonio judío de muy buena posición económica.
Desde pequeña destacó como una niña de inteligencia poco común que muy pronto sintió inclinación hacia el teatro, por eso, con apenas quince años ingresó en una escuela de arte dramático de Berlín para recibir clases del prestigioso profesor Reinhardt. Aparte de sus cualidades dramáticas, Hedwing era una joven bellísima, lo que hizo que el director de cine checo Gustav Machaty, se fijara en ella como protagonista de su película Ecstasy, en donde no solamente salió desnuda, sino que la cámara la enfocó directamente a la cara mientras fingía el primer orgasmo que se grabó en el cine.
En la época, las escenas resultaron escandalosas, pero a la vez, mostraban a una chica liberal y valiente que cautivaba el corazón de los hombres por su extraordinaria belleza.
Uno de los cautivados fue el multimillonario Friedrich Mandl, poderoso fabricante de armas muy próximo a los nazis y con los que realizó suculentos negocios. Este ricachón consiguió retirar de la circulación una gran parte de las cintas que se habían producido y también consiguió que los padres de la chica se la dieran en matrimonio.
En esa época Hedwing estudia ingeniería aeronáutica, aunque es posible que no concluyese sus estudios.
Pero el magnate era un hombre insoportable y Hedwing, después de soportar algunos años de convivencia en los que incluso la obligó a acostarse con sus clientes, se escapó de su lado, escondiéndose en París, desde donde consiguió el divorcio, el primero de su larga carrera de fracasos sentimentales.
Marchó luego a Londres en donde trabajaba como artista de teatro, hasta que conoció a Louis Mayer, fundador de la Metro Goldwing Mayer, que le ofreció trabajo en los estudios de Hollywood. Sin pensarlo dos veces, Hedwing viajó con él a los Estados Unidos a bordo del lujoso trasatlántico “Normandie”.
A lo largo del inicio de esta relación, Mayer la convenció para romper vínculos con su pasado y sobre todo con su famosa película y que para eso debería empezar por cambiarse el nombre, cosa que hizo por el de Hedy Lamarr con el que se convirtió en mundialmente famosa.
Los que ya somos creciditos la recordamos en sus películas como una mujer bellísima y enigmática, sobre todo junto a un también joven Víctor Mature en Sansón y Dalila.
Desde entonces, la Metro la convirtió en una glamorosa artista que hasta fue considerada la mujer más bella del mundo, sin embargo su carrera artística no acababa de despegar, ni siquiera cuando se levantó la prohibición para proyectar Extasis.
En una fiesta Hedy conoció al músico, pseudos científico y polifacético escritor George Antheil, estableciéndose entre ellos una estrecha amistad, pues Antheil había escrito un libro sobre endocrinología, ciencia en la que tenía muchos conocimientos para la época y Hedy quería aumentar el volumen de sus senos. En aquellos momentos, la técnica de los implantes no existía y el problema de Hedy no tenía solución, pero entre ellos encontraron muchos puntos en común, sobre todo por el afán desmedido de Antheil de aprender cosas y los conocimientos singulares de Hedy sobre aviación y armamentos.
La guerra mundial había comenzado y los torpedos dirigidos y las famosas V-2 que bombardeaban Londres, hacían estragos. Pero rápidamente se inventaron las ondas de interferencia que hacían desviarse los ingenios sin que alcanzaran el blanco.
Interferir era muy sencillo y de un resultado espectacular.
Con los conocimientos armamentísticos de Hedy y la capacidad de sincronización que para la música había empleado Antheil, un día, mientras él tocaba el piano y ella sentada a su lado lo escuchaba, se le ocurrió una idea para evitar la interferencia que no era otra cosa que cambiar secuencialmente de frecuencia, lo mismo que las notas del piano cambian y así idearon un sistema para las armas teledirigidas, mediante señales de radio sincronizadas en distintas longitudes de onda.
Lo difícil era sincronizar las frecuencias entre el emisor de las ondas y el receptor y Antheil propuso usar la cinta perforada, la misma que se empleaba en las pianolas de la época y como el piano tiene ochenta y ocho notas, idearon un artilugio capaz de producir el mismo número de frecuencias.
En 1940 enviaron su invento al Consejo Nacional de Inventores y después de algunas modificaciones para perfeccionarlo, en el año 1942 se le concedió la patente 2.292.387y puesto en funcionamiento por el departamento de Estado con un éxito importante, sin embargo la Marina de los Estados Unidos decidió que el sistema era muy engorroso y poco a poco se fue olvidando.
Planos que se adjuntaron a la patente

No obstante, el germen del invento: las comunicaciones con saltos aleatorios de frecuencia que se conocen con el nombre de Espectro Esparcido, es una tecnología que actualmente se utiliza, tanto en medios militares como civiles, usando microprocesadores que controlan los saltos de frecuencia, origen de la tecnología WI-FI.
Entre 1995 y 1997 en Estados Unidos se patentaron 1.203 ideas sobre el invento de Hedy Lamarr.
Hedy Lamarr terminó su vida en el año 2000, pobre, abandonada, completamente olvidada del gran público, sin haber llegado a triunfar plenamente en el cine y fracasando estrepitosamente a lo largo de seis matrimonio, pero en 1998 la Electronic Frontier Fundatión, le concedió el Premio Pionero por su invento, imprescindible en el desarrollo moderno de las comunicaciones.

Antheil ya había fallecido y Hedy no pudo recoger el premio por su deteriorada salud, pero aunque tarde, le llegó un reconocimiento como mujer inventora que le asegurará un sitio en la historia que ni siquiera habría logrado por ser la primera mujer que se desnudó para el cine.

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