viernes, 19 de septiembre de 2014

PIEL DEL DIABLO





Hace ya unos meses tenía preparada alguna documentación e iniciado un artículo sobre un personaje del siglo XVIII que pese a ser considerado actualmente como todo un erudito, había entrado en las páginas de la historia casi exclusivamente como literato y, por cierto, con no demasiado prestigio, aunque su figura y su trayectoria se están reivindicando.
Mi intención era sacar un poco del anonimato a ese personaje que se llamaba Diego Torres de Villarroel, cuando escuchando un programa de radio, hablaron de él, resaltando su vida de pícaro y su trayectoria intelectual y, sobre todo, su faceta de adivinador del futuro. Esta faceta, quizás la más llamativa, era a mi entender la menos acreditativa de la existencia de un personaje intelectualmente bien dotado, aunque ciertamente la más espectacular.
El hecho de que se refirieran a él en un programa radiofónico, me restó interés por seguir investigando sobre el personaje y, con toda la documentación que ya poseía, quedó arrumbado en una carpeta.
Pasado el tiempo di con un nuevo dato sobre el personaje, cuando encontré una descripción que hace de un fenómeno celeste, ocurrido sobre el cielo de Salamanca y que da toda la sensación de ser un avistamiento OVNI.
Fue entonces cuando decidí que el artículo había que terminarlo, aunque solo fuera para resaltar la descripción del fenómeno y para compensar las diferencias habidas entre erudito y nigromante, sus dos actividades más destacadas. A grandes rasgos, su historia es esta.
Hijo de un librero, nació en 1694 en Salamanca y debió ser un buen mozo, tal como él mismo se describía, con más aspecto de nórdico que de castellano. Brillante en los estudios, simpático en la calle y alocado todo el tiempo, obtuvo una beca para estudiar en el Colegio Trilingüe de la Universidad de Salamanca, en donde se aprendían las llamadas lenguas bíblicas (griego, hebreo y latín).
Diego era muy inteligente aunque no demasiado buen estudiante, pero además era un muchacho díscolo y travieso, un verdadero pícaro al gusto del momento. Su temperamento vehemente le impulsaba a faltar a clase, meterse en peleas, incluso con apuestas de por medio, robar las meriendas de los compañeros y toda clase de travesuras, lo que le hizo ganarse el calificativo por el que era conocido de “Piel del Diablo”.
En la librería de su padre leía con verdadero entusiasmo y sin orden alguno, apasionándose de cada libro que abría y así se aficionó a la astrología o a las matemáticas, ciencia que en aquella época había quedado en desuso prácticamente.
Al salir del colegio y debido a sus muchos desmanes, se vio obligado a huir a Portugal, en donde llevó una vida llena de aventuras habiendo sido desde estudiante de medicina y curandero, hasta bailarín y torero, pasando por ermitaño, alquimista y astrólogo, militar y desertor.
Cuenta en su biografía novelada, llamada Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego Torres de Villarroel, que regresado a Salamanca y para ganarse la vida, montó un negocio que consistía en escribir y editar almanaques y pronósticos que firmaba con el pseudónimo de “El gran Piscator de Salamanca”, haciéndose famoso rápidamente y al que mucha gente acudía para conocer qué le depararía el futuro.
Ciertamente el joven astrólogo y adivinador, hizo varias predicciones en las que acertó plenamente, como la muerte del rey Luís I, el reinado más corto de la historia de España, (ver mi artículo: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com.es/2013/03/el-mas-breve-y-el-mas-largo.html), que lo publicó en el Almanaque de 1724 y cuya muerte ocurrió, efectivamente, en agosto de aquel mismo año, así como predecía la climatología, sucesos próximos y dos curiosos acontecimientos: el Motín de Esquilache de 1766 y la Revolución Francesa en 1789.



Grabado de Diego Torres


Esta última, con una curiosa y enrevesada poesía que dice:

Cuando los mil contarás
 con los trescientos doblados
 y cincuenta duplicados
 con los nueve dieces más,
 entonces, tú lo verás
 mísera Francia, te espera
 tu calamidad postrera
 con tu rey y tu delfín
 y tendrá entonces su fin
 tu mayor gloria primera.

La profecía se explica así: 1000+(300x2=600)+(50x2=100)+(9x10=90), lo que equivale a 1790, cuando la Revolución estaba en todo su apogeo.
Pero es evidente que como Piscator de Salamanca tuvo que tener otros aciertos que lo encumbraran, pues el Motín de Esquilache no ocurre hasta cuatro años antes de su muerte, en 1766, mientras que la Revolución Francesa no fue hasta diecinueve años después de muerto.
Es decir, estas dos adivinaciones pudieron darle fama póstuma, pero no presente.
Portada de su autobiografía

Después de querer ganarse la vida en el seno de la Iglesia, se hizo subdiácono, pero comprendió que su vida iba por otros derroteros y en 1726 optó a la cátedra de matemáticas de la Universidad de Salamanca, vacante desde hacía muchos años, la cual obtuvo, comenzando a impartir clases a pesar de reconocer él mismo que sus conocimientos de la materia eran bien escasos, aunque superiores a los de los demás opositores a la cátedra.
Su inquieto carácter le impedía asentarse en ningún lugar y por eso, dejó todo en Salamanca y alquilando un borrico, se trasladó a Madrid con todas sus pertenencias.
Si Torres de Villarroel hubiese vivido en nuestros días, sin lugar a dudas que hubiese sido un visitante asiduo de programas sobre esoterismo, ciencias ocultas, fenómenos paranormales y expedientes OVNI y buena prueba de ello son las dos anécdotas que se relatan a continuación.
Una vez en Madrid, se ganaba la vida como buenamente podía, con más intención que fortuna, llegando casi a dedicarse al contrabando si no es porque el mismo día en que iba a salir para Burgos a trasladar unos fardos de tabaco, se encontró a un clérigo conocido suyo que sabiendo la despreocupación tan característica del personaje, le pidió, por favor, que fuese a la residencia de la condesa de los Arcos, un palacete de la calle Fuencarral, en donde cada noche se sucedían extraños fenómenos, por si él era capaz de desentrañar aquel misterio que estaba llenando de terror a la familia de la condesa y a todos sus sirvientes.
Pensando que en tan noble casa llenaría la panza, aquella noche se dirigió al palacete, en donde tras una buena cena, se dispuso a dormir en el salón de la casa, lugar en el que se habían refugiado todos los moradores, tanto familiares como sirvientes, para así, en compañía, darse ánimos con los que poder conjurar los miedos que los atroces ruidos, como de truenos, que cada noche se oían a partir de la una de la madrugada, provocaban en los moradores.
Aquella primera noche, con puntualidad, fue despertado por los ruidos que se escuchaban en toda la casa. Provisto de un hachón y una espada, Diego recorrió todo el palacete, no encontrando causa alguna que justificase semejantes ruidos.
Así fue durante once noche hasta que en la última, al subir a la primera planta, una fuerza inexplicable apagó la antorcha, sumiéndolo en la más absoluta oscuridad. Reptando como pudo, bajó al salón, mientras se seguían escuchando los tremendos ruidos y cómo los cuadros y lámparas se iban descolgando de sus soportes y cayendo al suelo con gran estruendo.
No pudo comprobar nada, pero sacó la conclusión de que una fuerza desconocida se había apoderado de aquel palacio, aconsejando a la condesa que cambiase de vivienda, cosa que hizo.
Dos años estuvo hospedado en la casa de la condesa, durante los que continuó haciendo sus predicciones y pronósticos, los cuales recogió en un compendio que se titula “Extracto de los pronósticos del gran Piscator de Salamanca”.
Testigo presencial de un extraño suceso ocurrido sobre el cielo de Salamanca, lo describe y se recrea, en un opúsculo que dedica a su amigo don Juan Ventura, cuya lectura recomiendo y que se titula: “Juicio y pronóstico del globo y tres columnas de fuego que se dejaron ver en nuestro horizonte español el día dos de noviembre de este año de 1730 y unas preparaciones medicinales para librarse de la malicia de sus vapores y humos”. (la obra puede encontrarse aquí:
Empieza diciendo que del suceso que va a narrar hay precedentes y que tanto de Navarra, como de Andalucía, le ha llegado constancia de que años antes se ha producido un extraño fenómeno muy similar y que él describe minuciosamente, situándolo con precisión en la esfera celeste, entre los signos de Cáncer y Leo, no en vano era docto en astrología y astronomía.
Continúa describiendo el fenómeno como un enorme globo de fuego junto al que sitúa lateralmente dos columnas que le parecen subir y bajar, adquiriendo mayor luz que cambia de color y que duró hasta las cuatro y media de aquella madrugada.
Como es natural, tratándose de aquella época, el primer pensamiento se refiere a la posibilidad de un embajador celestial, enviado para mostrar al mundo la indignación divina. Prosigue analizando que cuantos fenómenos como eclipses, cometas y otras cosas raras de los cielos, se han hecho presentes, otras tantas calamidades han sobrevenido a posteriori y con una clara equivalencia, por lo que aquel fenómeno que él pudo apreciar y que duró más de cuatro horas, traerá, de manera invariable, cuatro años de “destemplanzas”.
Termina con lo que denomina “Prevenciones para huir de la mala condición de los influjos del fenómeno” entre las que recomienda estar alegre, hacer ejercicio, beber “horchata de cuatro simientes”, observar la higiene, comer carne fresca, verduras variadas y leche de cabra y desaconseja las purgas. En fin, una dieta sana, como la entenderíamos en estos tiempos.

Ha sido una suerte que este personaje fuese testigo directo del extraño fenómeno y es una satisfacción para mí el sacarlo, en la medida que me sea posible, del ostracismo en el que ha estado inmerso y destacarlo como erudito, literato extraordinariamente prolijo, adivinador y hombre de ciencia.

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