viernes, 21 de diciembre de 2018

EL COLOR DE LAS ZANAHORIAS




Muchos son los tópicos que circulan alrededor de las populares zanahorias: que son muy buenas para la vista, porque los conejos que la comen con frecuencia, no usan gafas o que ayudan a adquirir un tono bronceado en la piel, cosa que no está demostrada, pero lo cierto es que son un grupo de hortalizas de los más populares y sobre la que existe una historia, cuando menos curiosa.
Las zanahorias proceden originariamente de Oriente Medio, Irán y Afganistán, donde ya se las conocía hace más de cuatro mil años y en donde se consumían solamente sus hojas y semillas y no la raíz, que es la única parte que se consume en la actualidad. Es más que posible que en aquel tiempo, en el que crecía asilvestrada, no fuera demasiado gustosa al paladar, pero incorporada a la horticultura, es precisamente su condición de tubérculo lo que la hace muy apetecible.
Su progresiva incorporación a la agricultura controlada, la selección de las semillas, los cruces o los riegos, hicieron que su raíz fuese progresivamente más carnosa, abundante y de mejor sabor, hasta incorporarle su matiz dulce característico.
La versatilidad de esta humilde planta es tanta que su consumo se ha extendido por todo el mundo, donde se usa en guisos, estofados, pastelería e incluso encurtida o aliñada. Y lo más curioso es que se trata de una fuente de alimentación tanto humana como animal.
Parece que entre los siglos VIII y X, la zanahoria llegó a España como consecuencia de la invasión islámica y desde aquí se extendió a toda Europa, de una manera tan rápida que pronto llegó a los países mas norteños, en donde la raíz causaba furor en sus múltiples preparaciones.
En un primer lugar y durante muchos siglos, las zanahorias eran moradas, del color de las actuales berenjenas, o de sus parientes la remolacha y su pulpa era del mismo tono, aunque había algunas variedades de color más claro, como amarillento.
El gran inconveniente que presentaban aquellas hortalizas era que teñían todos los guisos de un color morado poco apetitoso, además de que manchaban las manos de quienes las manipulaban de un violeta casi indeleble. Así que los horticultores buscaban soluciones para hacer más apetitosa aquella planta que producía buenos beneficios y se daban con profusión casi en cualquier clima.
La solución vino de la mano del patriotismo sensiblero y anti español de las Provincias Unidas (actuales Países Bajos), en donde España ejercía una férrea disciplina con personajes tan célebres como el Duque de Alba, terror de adultos y niños, a los que se asustaba con este personaje como si del “Coco” se tratase.
En el siglo XVI se inició una abierta hostilidad contra los dominadores españoles, desencadenándose una guerra que duró ochenta años y en la que a las fuerzas españolas de ocupación se le fueron oponiendo los nobles flamencos que trocaron su inicial lealtad a España, por el enfrentamiento abierto y belicoso.
Quizás el personaje más destacado en esta lucha rebelde contra España fue Guillermo de Orange-Nassau que en 1544 se convirtió en Príncipe de Orange y al que el pueblo reconocía con el mote de “El Taciturno”.
Nacido en 1533 en Nassau, en la actual Alemania, era el mayor de once hermanos y fue inicialmente educado en la fe luterana, pero su emperador, Carlos V, decidió que su educación fuese católica, por lo que lo sacó de su familia y lo envió a Bruselas, donde su hermana María de Austria ejercía como regente de todos los dominios del emperador.
Allí creció Guillermo como leal súbdito del imperio y a la muerte de Carlos V, continuó su lealtad al nuevo rey, Felipe II.
El haberse educado en ambas religiones condicionó su vida, estando en profundo desacuerdo con las persecuciones sistemáticas que sufrían los luteranos y que alcanzó el colmo de su desesperación cuando se decidió la instauración de los Tribunales de la Inquisición en Flandes.
El descontento de la población flamenca y el empecinamiento español de creerse en posesión de la verdad revelada, tensaron la vida en todas las Provincias y no tardó mucho en que un grupo de nobles formara lo que se llamó “Asamblea de Nobles” que en abril de 1566, presentó, ante la hermana del rey Felipe II, la regente Margarita, una serie de reivindicaciones que se conocen como Compromiso de Breda, entre las que se exigía mayor presencia flamenca en los órganos de dirección del país, totalmente copado por españoles y sobre todo terminar con la persecución a los protestantes.

Guillermo de Orange, “El Taciturno”

Como es natural, las peticiones cayeron en saco roto y el pueblo contestó con una oleada de desmanes hacia edificios religiosos, sobre todo destinada a destruir las imágenes que la ortodoxia luterana consideraba proscritas, como establece el segundo mandamiento recogido en las Tablas de la Ley de Moisés (ver mi artículo: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/los-diez-mandamientos.html).
Esta movilización, conocida como “Tormenta de las imágenes”, condujo a la destrucción de cientos de esculturas, imágenes y cuadros de iglesias y monasterios, acompañada de desordenes públicos, hasta el punto que la regente pareció ceder en las pretensiones, pero su hermano, el rey Felipe, tenía otras ideas y envió al duque de Alba para restaurar el orden.
Conocido como el Duque de Hierro, el artífice de una gran parte de nuestra leyenda negra, lo que hizo fue crear un tribunal que se conoció popularmente como Tribunal de la Sangre, para juzgar a los implicados en las revueltas.
En vista del cariz que tomaban los acontecimientos Guillermo de Orange se marchó a Nassau, su lugar de nacimiento y fuera del alcance de los españoles.
Desde ese momento participó en todas las guerras que iniciaron un periodo conocido como Guerra de los Ochenta Años, como se dijo más arriba.
Esta actitud de Guillermo le hizo crecer en popularidad entre el pueblo flamenco, que hacía ondear la bandera de la Casa de Orange en las torres de todas las poblaciones hasta que, tras muchas vicisitudes que no vienen al objeto de este artículo, entró triunfante en Bruselas.
La sublevación de las Provincias Unidas era un hecho y en 1581, dejaron de reconocer a Felipe II como a su rey, es decir, una declaración unilateral de independencia, que ahora suena mucho.
Guillermo de Orange era el noble mejor situado para ocupar el trono, pero no contaba que Francia, su aliada contra España, no iba a ver con buenos ojos ese asalto al poder.
La complicada situación en la que estaba Guillermo, vino a resolverla un fanático católico llamado Balthasar Gérard, un francés partidario del rey Felipe II que consideraba al de Orange un traidor a España y a la religión católica, el cual, estimulado por las veinticinco mil coronas que el rey español ofrecía por la cabeza de Guillermo, decidió atentar contra su vida, lo que consiguió el 10 de julio de 1584, descerrajándole un tiro de pistola a quema ropa, tras una larga maniobra de aproximación a su persona para ganarse su confianza y poder estar cerca de él.
Este hecho confiere a Guillermo de Orange el dudoso honor de haber sido el segundo personaje asesinado por arma de fuego.
Su muerte produjo una honda tristeza en Flandes, donde a pesar de su pérdida de popularidad, seguía siendo muy querido, sobre todo en el campesinado.
Una buena cantidad de agricultores decidieron homenajear a la figura del militar y político desaparecido y no se les ocurrió otra cosa que trocar el color de las zanahorias.
Mendel, el sacerdote de las leyes de la genética, no había nacido todavía, pero los campesinos experimentaban con los cultivos, sobre todo con aquellos productos que proporcionaban pingües beneficios como eran las zanahorias y qué mejor forma de honrar al héroe que consiguiendo que estas raíces violáceas cambiaran al color del apellido de Guillermo.
Orange, como todo el mundo sabe, es “naranja” en inglés y después de muchos cruces y selecciones, consiguieron que la raíz de la planta presentara el color naranja brillante  que tienen en la actualidad.
Ciertamente que con los cultivos selectivos y con la intención de dar satisfacción a todos los mercados, actualmente se comercializan zanahorias de varios colores, como puede apreciarse en esta fotografía.
¡De qué forma tan bonita y ecológica puede un pueblo homenajear a un héroe nacional!



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