jueves, 17 de diciembre de 2020

EL BISABUELO JUDIO DE CERVANTES

 

Una de las cosas más apasionantes de la Historia es descubrir en los archivos algún dato inédito sobre cualquier hecho o personaje. En esta tarea tengo muy cercano a mi cuñado Manolo, al que he dedicado algún artículo y él mismos ha contribuido a este blog con otros de su creación, como el dedicado a Cándida la Negra, la última esclava de El Puerto de Santa María. (Por “Mi cuñado Manolo” y “Cándida la Negra” puedes localizarlos en el buscador de este blog)

Manolo es un rastreador de archivos de primer orden, acumula una experiencia amplísima, con cuyo argumento muchas veces insiste en que lo practique yo.

Pero soy más de consultar trabajos publicados que bucear en las fichas y los legajos de los archivos, en muchos de los cuales, según me cuenta él, la labor investigativa se vuelve por días más complicada.

Eso le debió pasar al que descubrió a este personaje del que hoy me propongo hablar.

Por su nombre que era Juan Díaz de Torreblanca, no es fácil que nadie sospechara el grado de parentesco que tenía con el autor del inmortal Don Quijote y por su profesión tampoco.

Díaz de Torreblanca fue uno de los médicos más conocido en la Córdoba  de finales del siglo XV.

Consta su titulación como bachiller en Medicina en documentos de los últimos veinte años de aquel siglo.

Decir médico en Córdoba, una de las ciudades más importantes de España en aquel momento, es como decir que era parte de la élite médica de toda la Península. No olvidemos que en los siglos precedentes, Córdoba fue la ciudad desde la que irradió la cultura occidental y que esa misma ciudad fue cuna de grandes médicos, como el andalusí Averroes o el judío Maimónides.

 

Esculturas de Averroes y Maimónides en Córdoba 

Gran parte de esta ciencia y tradición médica de la ciudad comienza a perderse con la conquista cristiana y la expulsión de los musulmanes, pero es conservada y aumentada entre la comunidad judía, cuya cultura médica era perfectamente comparable con la musulmana.

Gran parte de esa comunidad se había convertido al cristianismo para evitar las persecuciones a las que estaban permanentemente sometidos, pero seguían practicando sus ritos en la intimidad de sus casas, eran los falsos conversos, muy perseguidos y desprestigiados.

La extensa comunidad hebrea, indistintamente compuesta por conversos y falso conversos, conservó la tradición de dedicar a sus más preclaros descendientes al noble ejercicio de la medicina y eso explica el origen judío de muchos de los médicos cordobeses. En un estudio de la universidad de Córdoba, se hace una relación de cincuenta médicos que ejercieron su profesión en la segunda mitad del siglo XV, gran parte de los cuales alcanzaron una amplia notoriedad y gozaron de gran influencia política y social, llegando a ocupar cargos importantes en las diferentes áreas de la administración local, a pesar de sospecharse su falsa conversión.

Incrustado en esta élite médica y ocupando un lugar destacado aparece el protagonista de este artículo.

No se sabe la fecha exacta de su nacimiento ni tampoco la de su defunción, que se cifra entre 1504 y 1512. Era hijo de Rodrigo Díaz de Torreblanca y de su esposa María Alfonso, la cual, al enviudar tempranamente, contrajo nuevas nupcias con el médico Juan Sánchez que seguramente fue quien inculcó la vocación en el joven Juan Díaz de Torreblanca.

A edad conveniente, se casó con Isabel Fernández, hija de un mercader cordobés, con la que tuvo nueve hijos, tres varones y seis hembras, la segunda de las cuales, Leonor, se casaría con el bachiller  en medicina Juan de Cervantes.

Y un detalle muy importante, su hija mayor fue monja en el convento de Santa María de las Dueñas, de Córdoba, con cuya profesión, la familia se aseguraba un tratamiento de cristianos.

Fruto de la unión de Isabel con el Cervantes, nació un varón al que pusieron por nombre Rodrigo que pasados los años, se convertiría en el padre del famoso Miguel de Cervantes.

Volviendo con el médico Juan Díaz, se sabe que conoció a Cristóbal Colón a través de su padrastro, el médico Juan Sánchez y muy probablemente éste acompañase a Colón como médico de la expedición descubridora.

Es muy posible que así sucediera, pues el rastro del padrastro se pierde desde ese momento y su lugar, como médico de prestigio cordobés, empieza a ocuparlo Juan Díaz que ya tenía cierta fama como médico y según consta en protocolos y documentos de la ciudad, disfrutaba de una holgada posición económica, pues desde 1483 tenía el título de bachiller y era requerido por destacados miembros de las clases altas cordobesas para cuidar de su salud.

Tras la reconquista de Málaga en 1487, su población entera fue hecha cautiva y trasladada, como esclavos, a diversas ciudades. Córdoba recibió un contingente importante de estos moros cautivos que venían en unas condiciones desastrosas, tras el largo asedio de la ciudad y la marcha hasta Córdoba y según se piensa, la epidemia de peste bubónica ocurrida en la ciudad al año siguiente, fuera transmitida por aquellos cautivos. Torreblanca tuvo una actuación muy destacada en el control de aquella epidemia.

Asimismo, está acreditado que ejerció una gran actividad contra la enfermedad de la lepra, tan común en la época.

Ya está centrado un bisabuelo y el abuelo materno, de Miguel de Cervantes, pero siempre hemos sabido que el insigne escritor nació en Alcalá de Henares, hijo de Rodrigo Cervantes, un cirujano y sangrador y de Leonor de Cortinas y que tuvo seis hermanos y que Saavedra no era su apellido, sino que lo empezó a utilizar después de quedarse manco, pues es la castellanización de la palabra árabe “shaibedraa” que en árabe quiere decir precisamente eso, manco.

Por la saga familiar lo lógico es que Miguel hubiese seguido la tradición que desde su bisabuelo seguían los hombres de la familia y hubiese estudiado y ejercido la medicina, sobre todo teniendo en cuenta que gracias a la profesión y situación económica de su padre, así como encontrarsee en la ciudad donde radicaba la mejor universidad de España, pudo haber estudiado medicina con facilidad.

No existe constancia de que el joven Miguel realizase en la Complutense, ningún estudio superior, ni en su siguiente residencia de Valladolid, donde la familia se refugia por las deudas del padre. Tampoco en Madrid, donde se sabe que asistía como alumno al llamado Estudio de la Villa, centro ya antiguo creado por Alfonso XI a finales del siglo XIV.

En este centro, donde daba clases el eminente Juan López de Hoyos, Cervantes despierta a su vocación de escritor y allí confecciona sus primeros poemas y entremeses.

Siempre se tuvo por segura al ascendencia judía del escritor y de hecho y por vía materna, como se ha visto, ciertamente que dicha ascendencia existía, pero después de un siglo y sin que nadie de la familia hubiese sido acusado de falso converso, lógico es pensar la completa integración familiar, quizás impulsada por aquella lejana ascendiente que había sido abadesa en un convento cordobés.

La definitiva conclusión llegó hace muy poco tiempo de manos de una profesora  universitaria cordobesa, autora de un artículo titulado Medicina y conversos en la Córdoba del siglo XV y en el que recoge que una tal Mencía Fernández, hermana del bisabuelo de Cervantes, pagaba una importante cantidad de dinero para “reconciliarse” con el Tribunal de la Inquisición de Córdoba, por ser hija de un condenado llamado Ruy Díaz de Torreblanca en uno de los primeros juicios que este Tribunal practicó en la ciudad.

No constaban los cargos que se presentaron contra el condenado, pero habida cuenta de que su hija se ve obligada a la reconciliación, cabe pensar que sería por judaísmo pues era un cargo cuya pena se prolongaba hasta la tercera generación.

Hipótesis muy acertada porque Juan Díaz, el bisabuelo y hermano de Mencía renegó por escrito de su padre, del que menciona más arriba que murió prematuramente y de manera muy probable, a manos de la Inquisición.

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