sábado, 11 de agosto de 2018

"EL ENCUBIERTO"





Es muy conocido el acontecimiento histórico que sembró de una gran incertidumbre el inicio del reinado de Carlos I. Fue lo que se conoce como la Guerra de las Comunidades de Castilla, cuando Padilla, Bravo y Maldonado encabezaron un movimiento de oposición violento contra el nuevo rey que, despreciando a la nobleza y otras clases sociales españolas, desembarcó con un enorme séquito de compatriotas flamencos, a los que iba colocando al frente de las diferentes administraciones.
Los comuneros fueron al final vencido en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521 y en el pasado siglo XIX se recuperó la fecha y el lugar de tal manera que es la fiesta con la que se conmemora el día de Castilla y León, desde que alcanzó su autonomía.
Fueron momentos muy difíciles para el nuevo monarca que además se veía comprometido con la necesidad de viajar a Alemania para suceder a su abuelo, Maximiliano I y hacerse con el Imperio Sacro, el mayor título de la cristiandad.
Pero no fueron solo las luchas de las comunidades las que soliviantaron los primeros años del reinado de Carlos, en toda la zona del Levante y en Baleares, había surgido simultáneamente otro movimiento social que, aunque con algunos puntos de diferencia sobre las comunidades, aglutinaban diferentes capas sociales contra la monarquía.
Eran las Germanías, una especie de sindicatos armados, autorizados por los Reyes Católicos para defender a los artesanos de los constantes ataques de la piratería berberisca que infectaba el Mediterráneo.
Nada tiene que ver la palabra Germanía con germania, Alemania, germano, sino que procede de “germá”, “hermano”.
 Dejados a su suerte y abandonados de todos, pues la nobleza había huido de las ciudades con las epidemias de peste que se sucedieron, prácticamente arruinados y hambrientos, pero bien organizados y con armas, decidieron las Germanías enfrentarse, como los comuneros, al virrey de Valencia que representaba a la monarquía que como se ha dicho, estaba muy ocupada en coronarse “Imperator”.
Lo que empezó como una revuelta acabó siendo una guerra con todos sus ingredientes entre los “agermanados”, integrantes de las Germanías y la corona, a la que representaba la nobleza. Capitaneados por Vicente Peris, un artesano especializado en la fabricación de terciopelo, convertido en capitán general de los sublevados, tuvieron en jaque a las tropas realistas y las vencieron en la batalla de Gandía lo que obligó a las tropas del virrey Hurtado de Mendoza a buscar refugio en el castillo de Villena.
Para mayor dinamismo de esta historia, apareció un personaje altamente singular, que provocó un revuelo de importante calado en el pueblo llano; se trataba de Antonio Navarro, conocido como “El Encubierto”.
Este individuo, cuya primera aparición pública en Valencia es para recibir unos latigazos que le impone la Inquisición por haber yacido con mujer casada, se presenta ante un pueblo en estado de efervescencia desatada por la lucha de las Germanías y se autoproclama como único y verdadero heredero de la corona española. Dice ser hijo póstumo del príncipe Juan, a su vez hijo malogrado de los Reyes Católicos y la archiduquesa Margarita de Austria que, efectivamente a la muerte de su esposo estaba embarazada.
Como es natural no presenta más pruebas que sus palabras, a las que desmiente la propia historia, pues Margarita de Austria, tras la muerte de su esposo, dio a luz a una niña que vivió escasos días.
Pero la historia que contaba estaba bien urdida, pues el príncipe Juan había fallecido en 1497, dejando a su esposa en avanzado estado de gestación y el tal Navarro hacía creer que Felipe el Hermoso y el cardenal Mendoza habían conspirado para que el fruto de aquella unión no se diera a conocer, pues de ser varón le correspondería la corona de España.
Según la narración que con encendidos discursos en los que arremetía contra la iglesia, la monarquía, la nobleza y sobre todo, añadiendo tintes apocalípticos que hacía “El Encubierto”, a veces desde el púlpito de alguna iglesia, él sería el verdadero rey de España e instaba ardientemente a mantener la revuelta contra la corona apelando a la justicia divina que le habría de colocar a él en el trono.
En poco tiempo, dado el ardor que ponía en sus manifestaciones públicas, el pueblo comenzó a conocerlo por “El Rey Encubierto”, el cual decía llamarse Enrique Enríquez de Ribera y así el pueblo lo creía verdadero descendiente de la realeza, impresionado por la supuesta solvencia de su nombre y apellidos.
 Encumbrado por el populacho, montó en Játiva una verdadera corte, en la que se vestía como un noble que tenía su guardia personal que lo protegía y custodiaba tanto en el trono, cuando impartía justicia, armaba caballeros, otorgaba títulos nobiliarios, concedía rentas y prebendas a quienes le servían, como cuando paseaba ufano y victorioso entre los que él consideraba su pueblo.
Decía que siendo un niño de pecho, los conspiradores antes mencionados, habían mandado a unos verdugos a que acabasen con su vida, pero estas personas se compadecieron de él y no lo mataron sino que lo llevaron a Gibraltar, donde lo crió una modesta familia.
Al pasar los años, habría entrado al servicio de un rico mercader de Orán de donde tuvo que salir huyendo cuando descubrieron el romance que mantenía con la esposa del mercader.
Desde allí habría llegado a Valencia y tras encender a las masas con sus discursos, la comunidad a la que lideraba, empezó a considerarlo un verdadero mesías, sobre todo cuando a raíz de un pequeño ataque a tropas reales, había salido indemne de una lluvia de flechas, hecho que se convirtió rápidamente en leyenda que él mismo acrecentaba llegando a decir que las armas de combate tradicionales no podían hacerle daños y que solamente podría morir en Jerusalén.
Los dos episodios amorosos a los que se han hecho referencia, dan la idea de un seductor irresistible, algo que no casa con la descripción que de él hace un prestigioso historiador especializado en aquella época llamado Ricardo García Cárcel y que dice que era de mediano cuerpo, membrudo, manos cortas, piernas torcidas, rostro delgado y nariz aguileña, agregando y este detalle si que puede ir muy al gusto para la seducción amorosa, que hablaba muy bien castellano y la lengua de palacio.
Pero aquella falsa protección mesiánica que El Encubierto decía tener, cayó por su propio peso, pues el 19 de mayo de 1522, unos matones a sueldo del virrey Hurtado de Mendoza, acabaron con la vida del impostor a puñaladas.
Pero la justicia exigía aún más castigo para quien había revolucionado el panorama valenciano y así, su cuerpo fue entregado a la Inquisición de Valencia, donde se le juzgó, ya muerto y se le condenó a morir en la hoguera, no sin antes haberle cortado la cabeza que fue expuesta en una de las torres de Quart, en la muralla medieval de la ciudad y que custodian la puerta más importante. La estupidez humana no conoce límites y los deseos de venganza tampoco.

Las Torres de Quart, donde colgaron la cabeza del Encubierto

Es curioso que gracias al proceso inquisitorial, la historia de “El Encubierto” se ha llegado a conocer con cierto detalle, pues por parte de las autoridades administrativas y militares no se le dio importancia alguna.
Durante gran parte de la Edad Media corrió por diferentes países europeos un mito relativo a la leyenda sobre la repentina aparición de un rey mesiánico que vendría a salvar a Europa del cúmulo de desgracias que le estaban lloviendo.
Así habría surgido el mito de la vuelta del rey Arturo, en Inglaterra, o la suplantación de Balduino I de Flandes, muerto en plena Cruzada, cuando un ermitaño borgoñón, llamado Bertrand de Ray se quiso hacer pasar por el monarca fallecido veinticinco años después de su muerte y consiguió soliviantar al pueblo contra Juana, la hija de Balduino y entonces reina, hasta que en 1226 fue ajusticiado por revolucionario y suplantador.
Quizás el caso más literario es el del Pastelero de Madrigal, Gabriel Espinosa que se hizo pasar por el fallecido rey portugués don Sebastián, hasta que terminó en la horca, como todos los impostores. Este relato fue inmortalizado por Zorrilla en su drama Traidor, inconfeso y mártir y dio tema a mi artículo de hace unos años que puedes consultar aquí: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/search?q=que+es+un+bandarra .
Curiosamente todo el asunto de Las Germanías concluyó con la muerte del Encubierto y con la destitución del virrey Hurtado de Mendoza, nombrándose en su lugar como virreina, a Germana de Foix, viuda del Rey Católico Fernando y la primera amante que Carlos I tuvo al llegar a España. 
¿Aplicación de la cuota femenina o simple nepotismo?

viernes, 3 de agosto de 2018

EL "TOCA PELOTAS"



Días atrás, un amigo me mandó un mensaje con un artículo sobre los “Palpati”, unos supuestos cargos dentro de la jerarquía vaticana que tienen como misión palpar los órganos sexuales de la persona que haya sido elegido papa, con el fin de certificar que efectivamente, se trata de un varón, circunstancia que el palpador anunciaría de viva voz, diciendo: “Tiene dos y cuelgan bien”. Para esta operación el nuevo papa se sentaba en una silla especial con un orificio en el centro, donde colocaría sus santísimas posaderas de manera que sus testículos quedaran colgando para poder hacer una eficaz palpación.
¿A qué se debía esta precaución? Según cuenta la tradición, o las leyendas, alrededor del primer milenio hubo un papa que resultó ser una mujer, la cual dio a luz en plena calle cuando era conducida desde el Vaticano al Palacio de Letrán, residencia de los papas de aquella época. Es conocida como “La Papisa Juana” y fue muerta por lapidación en el mismo momento de su alumbramiento.
Pero esta leyenda parece tener escaso fundamento, si bien ha persistido durante mil años y aparece reflejada en numerosos documentos de diferentes épocas, pero todos haciendo referencia a un documento inicial que más adelante se expondrá.
En el transcurso de los siglos han sido varios los casos de mujeres que se han hecho pasar por hombres y como tales han conseguido renombre y prestigio, hasta que se descubre su sexo y su cuento queda desmontado. Quizás el caso de más resonancia, al menos para los españoles, es el de Catalina Erauso, la Monja Alférez, monja, conquistador aguerrido, escritora y también asesina, que alcanzó la fama en la conquista de Chile. Pero sin menospreciar otros como el de santa Hildegunda que ingresó en un monasterio con el nombre de Hermano José, o santa Eugenia que habiendo consagrado su virginidad a Dios, vivió y murió vestida de hombre, siendo abad de un convento en Alejandría y por supuesto, Juana de Arco.
Ni otros casos de seglares como el de James Barry que se puede consultar en mi artículo: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/04/quien-fue-james-barry.html; o el caso de Charles Beumont, conocido como caballero D’Eon, que debió nacer con los dos sexos, pues ya le bautizaron con cuatro nombre, dos de hombre y dos de mujer y que llevo una vida apasionante presentándose como de uno u otro sexo.
Aparte de estos casos y centrándonos en esta historia, el correo de mi amigo me impulsó a sacar un libro que tengo desde hace años y que se llama “El Papa Mujer” y releer al menos los puntos más destacados, para poder contarlos aquí.
Según el mencionado libro la primera vez que se tiene constancia escrita de este hecho es a través de un dominico llamado Martín Polonus que en el siglo XIII era confesor del papa, por lo que, no teniendo mucho trabajo, se dedicó a la actividad preferida de los intelectuales de la época, rebuscar crónicas en las bibliotecas y archivos y así escribió la llamada  Crónica Pontifica e Imperial que rápidamente se hizo muy popular ya que representaba la propia opinión de la Iglesia. De esta obra se hicieron numerosas copias y se distribuyeron por todo el orbe católico.
En esta crónica aparece un papa al que el dominico llama “Juan Anglicanus” que como papa habría sucedido a León IV y precedió a Benedicto III, pero en la cronología del papado, estos dos papas se sucedieron sin interregno, pues el primero murió en 855 y Benedicto empezó su pontificado en ese mismo año, muriendo tres años después. Algunos cronistas posteriores que bebieron en la fuente del dominico, tampoco mencionan otro nombre y desde la primera crónica se describe a este personaje como de origen alemán que había estudiado en Atenas y estaba provisto de una gran inteligencia. Se trasladó luego a Roma, donde alcanzó un alto grado dentro de la Iglesia Católica. Siempre estaba acompañado por una persona a la que el dominico llama familiar y de este individuo, el “Anglicanus”, quedó embarazada, dando a luz durante su pontificado y en plena calle.
Esto mismo se recoge en crónicas muy posteriores y se habla de unos hechos ocurridos cuatro o cinco siglos atrás, pero no hay ninguna documentación más que avale esta historia.
Portada del libro


La Iglesia lo ha escrito todo y un hecho de esta relevancia forzosamente tendría que haber tenido documental, o al menos la crónica o “el reportaje” que algún interesado de la época habría hecho. Podría haber sido una anotación en los libros oficiales, un acta levantada al respecto, una declaración de algún asistente al parto e incluso una carta que alguno de los que conocían el hecho hubiera escrito a cualquier superior, familiar o amigo, pero no hay nada de eso, sin embargo Martin Polonus lo reflejó en su famosa Crónica.
De alguna parte lo tendría que haber sacado porque no era persona de inventarse una historia tan disparatada.
Anastasio el Bibliotecario era un erudito que vivió en la época a que estamos haciendo referencia y escribió un tratado sobre la historia de los papas que se titula Liber Pontificalis y que narra con mucha pasión pontificados que él mismo había vivido.
Consultado este manuscrito se comprobó que allí se hacía referencia a la Papisa Juana, pero era un añadido de no se sabe muy bien qué época, escrito por distinta mano, a pie de página y tinta diferente, pero con otra salvedad quizás más importante y es que esa escritura interrumpe la narración de la vida de León IV que sigue en la página siguiente. Otros ejemplares del mencionado libro carecen de esa anotación, por lo que queda muy claro que fue un añadido, quizás mal intencionado, con el ánimo de contribuir al descredito de la Iglesia, que si no se ha podido demostrar que se blasonara con un suceso tan deplorable, bien es cierto que tuvo sus “papisas”, mujeres que gobernaron la iglesia desde la cama de los papas.
Es una porción histórica que se conoce la “pornocracia” y que está descrita por los propios prelados de la iglesia, avergonzados de la situación de inmoralidad, crueldad y vicio que se alcanzó en su más alta magistratura.
Puede consultar mis artículos en los que traté de esta historia, en los siguientes enlaces:
A grandes rasgos, dos mujeres, Teodora y su hija Marozia, fueron descaradamente amantes de varios papas e intervinieron en el nombramiento de sus sucesores y la propia hija se quedó embarazada de un papa y su hijo llegó a serlo también, pontificando con el nombre de Juan XI.
Quizás para ocultar, o al menos, disimular, semejante desvergüenza se inventó lo de la Papisa Juana, como si creando un escándalo mayor, el otro quedara soslayado, o como si siendo uno falso, el otro también lo fuera.
Se especula también la influencia que la Reforma Protestante tuvo para el descredito de la curia romana, lo cual es posible, pero hay un hecho que no podemos dejar de resaltar.
Quizás la Papisa no existiera, pero lo que sí han existido y existen, son las llamadas “sedias curiales”, los famosos asientos agujereados que tienen su historia.
La consagración de cada nuevo pontífice tenía lugar en la basílica de San Juan de Letrán y durante cuatro siglos en la ceremonia se utilizaron dos asientos agujereados. Estaban en la capilla de San Silvestre, dentro de la basílica, esculpidos en pórfido, una especie de granito rojo y el nuevo papa se sentaba en el de la derecha, donde adoptaba una posición como si estuviera tumbado y allí recibía una vara, símbolo de poder y las llaves de la basílica y del palacio papal, símbolo de abrir y cerrar, atar y desatar.
Seguidamente el papa se cambiaba al otro sitial y devolvía la vara y las llaves, como signo de humildad.
Esos asientos permanecieron en la capilla hasta que el papa Pío VI, alrededor de 1780 mandó que los trasladaran al Museo Pío Clementino, germen de los actuales Museos Vaticanos.
Allí se conserva una de esas sillas que yo he tenido ocasión de ver, pero la otra desapareció camino de París, dentro del enorme botín producto del saqueo que llevaron a cabo Napoleón y sus tropas cuando en 1812 detuvo al papa Pío VII y lo llevó prisionero a Fontainebleau.
Esta segunda silla se encontraba en el museo del Louvre, cuya dirección, recientemente, ha manifestado que no conservan el “trono pontifical”.
No sé cómo explicar la existencia de las silla, pero quizás se deba a que es muy bien conocido que las altas magistraturas que habían de permanecer mucho tiempo sentados, tenían sillas o tronos, agujereados en los que defecaban delante de sus súbditos mientras cumplían las obligaciones del cargo. Era una cosa de lo más natural, como también lo era padecer fuertes trastornos intestinales debidos a los malos hábitos alimenticios.
Estos trastornos solían darse con mayor frecuencia en las clases pudientes, que basaban su dieta fundamentalmente en la carne, mucho de ella procedente de la caza. La falta de fibra en su alimentación, por no ingerir apenas frutas y verduras, producía importantes estreñimientos que solían devenir en dolorosas hemorroides que afectaban de tal manera que no soportaban el dolor al estar sentados, razón por la que se agujereaban los asientos de quienes las padecían.
Y para terminar, lo que pudiera ser una explicación lógica de la persistencia de la leyenda: El Tarot.
Efectivamente, en la baraja del Tarot el número dos de los Arcanos Mayores es La Papisa o Gran Sacerdotisa que no apareció en las esotéricas barajas hasta doscientos años después de la fecha en la que se centra su posible existencia, por lo que no pudo influir en su creación, pero si en el mantenimiento del histórico bulo.

Y sintiéndolo por mi amigo, el que me envió el artículo, los “Palpati” no han existido nunca aunque el mantenimiento de su leyenda ha corrido paralelo al de la Papisa.

viernes, 27 de julio de 2018

ARQUITECTURA ENIGMÁTICA



Es increíble la fuerza que tiene el cine para sacar cosas del anonimato o de la ignorancia. La saga de Harry Potter dio a conocer la catedral de Gloucester, usada en la película como la escuela de magos, en donde reposan los restos del rey Eduardo II, que pasó a la historia por sus escándalos homosexuales (puede consultar mi artículo sobre el tema en esta dirección: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/uno-la-mazmorra-y-otro-al-patibulo.html); el Código da Vinci ha sacado a la luz, una de las iglesias más enigmáticas de Europa: la Capilla de Rosslyn, situada en la ciudad de Roslin, a escasa distancia de Edimburgo, la capital de Escocia.
Esta curiosa capilla es una catedral en miniatura y guarda en su interior una enorme cantidad de enigmas tallados en la piedra, de los que la alta Edad Media estuvo tan bien surtida.
Fue construida en la segunda mitad del siglo XV, inicialmente como Colegiata de San Mateo, pero durante su construcción, que duró cuarenta años, falleció su promotor e impulsor y el coste de la obra fue aumentado por la complejidad de la escultura interior, por lo que terminaron reduciendo sus dimensiones hasta dejarla en simple capilla.
Con la Reforma Protestante en Escocia, ocurrida en 1560, toda relación con la Iglesia Católica fue cortada de raíz y la capilla, junto con todos los edificios religiosos,  declarada fuera de uso y cerrada a cal y canto. No fue hasta 1861 que se reabrió al público pero ahora como templo episcopaliano, sobre todo debido a las presiones que sobre ella hizo el célebre escritor Walter Scott.
Pero ya llevaba funcionando casi cien años desde que se inició su construcción y su historia y sus enigmas eran bien conocidos.
Bajo la advocación de san Mateo, el caballero templario Guillermo de Saintclair, primer conde de Caithness, ordenó su construcción. Pertenecía el conde a una familia noble escocesa y había seguido la tradición de aquellos templarios que consiguieron evadirse de la justicia y continuar su labor de manera soterrada y subrepticia.
Se dice que tras la persecución iniciada en Francia y después seguida con diferente interés en otros países, los caballeros que consiguieron librarse de las detenciones que se iniciaron el fatídico viernes 13 de octubre de 1307 y que dio en la cárcel con Jacques de Molay, ultimo gran maestre y su cúpula directiva, consiguieron reunir una gran cantidad de reliquias acopiadas durante los dos siglos que estuvieron en Tierra Santa, así como un inmenso tesoro y gran cantidad de documentación que acreditaba que muchos reinos europeos estaban prácticamente quebrados y en manos de la orden. Con todo ese valiosísimo cargamento huyeron de Francia, pasando al reino de Aragón y más tarde a Portugal, donde el Temple gozaba de gran predicamento ante la monarquía por su apoyo constante en la lucha contra los musulmanes. Puede que allí permanecieran algunos años, pero finalmente embarcaron con todo su tesoro rumbo a las Islas Británicas.
Llegaron hasta Escocia y allí desembarcaron, estableciendo contacto con sus correligionarios, los frailes de la Orden de San Juan, con los que alguno de los fugitivos había coincidido en Jerusalén durante las Cruzadas.
Pasaron algunos años en los que los templarios trataban de no descollar demasiado entre la población y sobre todo, no hacerse notar con la nobleza y la corte, donde podrían estar sus verdaderos enemigos, mientras ocultaban sus valiosos tesoros que mantenían permanentemente vigilados. Parece ser que años después, a la vista de las reliquias y los tesoros, Saintclair decide que hay que ocultarlo todo y lo mejor parece, como era muy habitual en aquellos tiempos, hacerlo en el interior de una iglesia.
Comienza aquí lo verdaderamente enigmático de esta historia que pasa por la construcción de un gran templo, pero que se va transformando y queda en una capilla, pero su tamaño no impide que esté cargada de enigmas.
En primer lugar no se eligió su emplazamiento al azar. Allí había habido un templo celta que como ya es tradición y la historia así lo está reconociendo cada vez con más certeza, se levantaban siempre en lugares muy escogidos por los druidas de las tribus que conocían perfectamente el punto en que confluían fuerzas telúricas que para el resto de los mortales pasaban inadvertidas. Así, la catedral de Santiago de Compostela o las francesas de Chartres, Amiens y Notre Dame fueron construidas sobre antiguos lugares de culto celta y que junto con algunas otras catedrales tienen mucho que ver con la orden del Temple.
Sobre sus ruinas se había construido una modesta capilla que había sido utilizada para el rito católico, aunque en aquellos momentos también estaba en ruinas, pero sobre aquellas piedras se inició la nueva construcción.

El enigmático aspecto de la capilla de Rosslyn

El primer enigma de aquella construcción se ha descubierto quizás en último lugar, aunque es más que probable que se vayan haciendo nuevos descubrimientos conforme avanzan las tecnologías.
Este primer enigma es que la capilla tiene exactamente las mismas dimensiones que el Templo de Salomón en Jerusalén. Como se sabe, los templarios toman su nombre por ser los guardianes del Templo, del que en aquel tiempo se conservaban solamente sus cimientos, pero muy bien definidos, por lo que no es extraño que tomasen nota de las proporciones y con ellas reconstruyeran, aquella capilla y muchas otras que aun no conocemos. Esta circunstancia se ha conocido recientemente cuando dos investigadores arqueológicos ingleses: Christopher Knight y Robert Lomas, investigadores y escritores prolíficos, por medio de computadoras establecieron que las dimensiones de la capilla guardan una relación exacta a las del Templo de Salomón, señalando, además que uno de los muros exteriores, inacabado, es representación del famoso Muro de las Lamentaciones, lo que quizás fuera la verdadera justificación para construir aquella capilla: tener en Escocia una réplica del mítico templo.
Esa circunstancia no tiene nada de extraño si en su interior no existieran otras realmente misteriosas.
La más conocida es la llamada “Columna del Aprendiz”. Se trata de una columna en espiral, cuando todas las demás son rectas y sobre la cual pesa la leyenda de que el maestro constructor de la capilla quería construir en ese lugar una columna singular, para lo que viajó a Italia, donde se vivía el esplendoroso momento renacentista.
Miró, consultó, estudió y dibujó bocetos para su columna y con ellos regresó a Escocia, donde se encontró con una desagradable sorpresa: su aprendiz, un cantero anónimo, del que no se guarda nada más que este triste recuero, aprovechando su ausencia había esculpido una columna de tal belleza y singularidad que el maestro constructor no pudo soportar cómo alguien, tan inferior a él, sin necesidad de estudiar, informarse, ver y hablar con artistas, había esculpido una obra de tal belleza y arrebatado por un acceso de ira le golpeó con un martillo y lo mató en el acto. Por eso, la columna es conocida como la del Aprendiz, que además de su talento escultórico, también demostró relaciones esotéricas, quizás imbuidas por los propios templarios que presenciaban las obras, cuando esculpió en claras letras que allí, tras ese pilar, se ocultaba la cabeza de Dios.

Pilar del Aprendiz

Como es natural, la trágica muerte del aprendiz y la inscripción, han disparado todas las conjetura, desde que allí, bajo la columna se escondió el tesoro del que hemos hablado, hasta que el único y gran tesoro que poseían los templarios era ni más ni menos que la cabeza momificada de Jesús.
Es mucho más probable la primera de la hipótesis, pues con la segunda estaríamos llegando al paroxismo histérico que ya llegaron muchos en la antigüedad, como la propia madre de Constantino, santa Elena que encontró unos clavos, o le vendieron unos clavos herrumbrosos y le hicieron creer y ella muy gustosa lo creyó, que eran los clavos usados en la crucifixión; o como la lanza de Longinos, de la que existen centenares de “originales” o el “lignum crucis”, los trozos de madera de la cruz que si los juntáramos todos, la cruz del Gólgota debía pesar varias toneladas.
En efecto, ¿qué sería de la resurrección y ascensión de Jesús a los cielos si en la tierra quedó su cabeza? No parece que vaya por ahí la cuestión, aunque se sabe que una de las muchas acusaciones hechas a los templarios era la de adorar una cabeza, a la que se conoce como “Baphomet” y de la que se tienen pocos más datos. Puede ser una falsa acusación, como la de todos los delitos y hábitos horrendos que los caballeros reconocieron bajo torturas espantosas y que están relatadas en infinidad de documentos.
 Otro enigma es la existencia de doscientas trece “cajas”, llamados así a unos cuadrados esculpidos que contienen signos indescifrables que se han relacionado con notas musicales, cuya significación se desconoce totalmente.
O los numerosos "Hombres Verdes", distribuidos por todo el recinto y que parecen mostrar una relación entre lo animal y lo vegetal, o los ángeles tocando las gaitas escocesas. En fin, una multitud de singularidades.
Uno de los muchos hombres verdes

Quizás lo más enigmático sea la representación de una mazorca de maíz y un cactus, dos vegetales completamente desconocidos en la Europa de aquel momento y que se ha querido interpretar como un homenaje a sir Henry Saintclair, antepasado del constructor de la capilla que según leyendas de la época, había conseguido llegar hasta América, de donde trajo, entre otras cosas maíz y cactus.
Para aclarar los enigmas encerrados bajo la construcción de la capilla, la documentación que pudiera existir y los posibles tesoros y reliquias enterrados, a finales del pasado siglo la autoridad episcopaliana autorizó a una universidad a que hiciera prospecciones, pero cuando estas iban a comenzar, se descolgaron con la exigencia de que los descubrimientos se mantendrían en absoluto secreto, circunstancia que no deseaba la universidad, como parece lógico.

Así pues, sus secretos seguirán enterrados.