jueves, 17 de junio de 2021

LA GUERRA DEL FÚTBOL

No es la primera vez que escribo sobre guerras, ya sea por sus nombres curiosos, como la de La oreja de Jenkins http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/la-guerra-de-la-oreja-de-jenkins.html, la de los pasteles http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/la-guerra-de-los-pasteles.html , o de la sandía http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/10/la-guerra-de-la-sandia.html , o sea por la curiosidad de ser la más corta, aquella que duró solamente cuarenta y cinco minutos o la más larga que duró trescientos años y en la que no se disparó ni un solo tiro http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/04/la-mas-corta-y-la-mas-larga.html , o nuestra guerra española más larga http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2016/12/nuestra-guerra-mas-larga.html , como la declarada unilateralmente por el pueblo granadino de Huéscar, contra toda una potencia de la época como Dinamarca; hoy lo voy a hacer con una guerra que tuvo lugar como consecuencia de un partido de fútbol.

Que el deporte rey levanta pasiones es algo que a nadie se le escapa, pero llegar al punto de que dos países se enfrenten bélicamente y se lleguen a producir hasta cuatro mil muertes por el resultado de un partido de fútbol, es una buena muestra de hasta donde es capaz de llegar la estupidez humana, aunque a lo mejor el resultado del partido fue solamente el detonante de una situación ya insostenible que solo necesitaba un empujoncito.

Era el año 1969 y Honduras y El Salvador, dos países centroamericanos fronterizos enfrentaron sus respectivas selecciones de fútbol por tercera vez en el plazo de un mes. Se jugaban la clasificación para el mundial de Méjico’70.

El primer partido se jugó en Tegucigalpa, capital de Honduras y el resultado fue favorable a Honduras por uno a cero.

El partido de vuelta se lo adjudicó El Salvador por tres a cero y aunque con golaveraje a favor, la eliminatoria estaba empatada y hubieron de jugar un tercer encuentro en terreno neutral, esta ves en Méjico DC.

Los dos partidos anteriores habían terminado con serios enfrentamientos entre las aficiones que no hacían otra cosa que trasladar al deporte, lo que ya subyacía en la difícil convivencia entre ambos países fronterizos en los que se daban unas circunstancias de pobreza difíciles de superar.

Salvador es el país más pequeño de Centroamérica, amén de más poblado que sus vecinos y muy mal administrado. Su población era cercana a los tres millones de habitantes, en su inmensa mayoría dedicados a la agricultura controlada por una élite social de terratenientes que dejaba muy poco margen al campesinado pobre.

Por el contrario, la vecina Honduras es cinco veces más grande y aunque su régimen social y económico era muy parecido, tenía un millón menos de habitantes y mucho terreno por cultivar.

Esto había provocado que las élites dominantes promovieran una emigración de salvadoreños con la intención de aliviar la presión interna del país a la vez que ofrecían cultivar las tierras baldías que eran muchas, así como la posibilidad ofrecerse como mano de obra a las compañías estadounidenses (United Fruit Company, propietaria del 10% de la tierra cultivable) que operaban en el país. Así, trescientos mil salvadoreños vivían en Honduras en aquellos momentos.

Pero claro, a los hondureños aquella invasión no les hacía ninguna gracia y ahora se veían enfrentados a sus gobernantes, a las élites sociales y a los inmigrantes que les disputaban la tierra y los puestos de trabajo.

Para colmo, una desafortunada ley reforma agraria perjudicaba a los salvadoreños, los cuales fueron expropiados de las tierras que habían conseguido adquirir tras varias generaciones de esfuerzo, por lo que la tensión fue en aumento.

La situación se hizo tan grave que el presidente hondureño comenzó una política de deportación de salvadoreños, creando un grave conflicto de convivencia entre ambos países, pues la avalancha de deportados provocaba problemas constante, acusándose ambos países de sus políticas enfrentadas, mientras las clases dominantes en uno y otro estado, presionaban a sus respectivos gobiernos para que se tomaran acciones militares.

Se crearon escuadrones populares clandestinos como el denominado “Mancha Brava”, que asesinó y secuestró a muchos salvadoreños.

Y con ese escenario tan poco propicio, se enfrentaron las selecciones de fútbol, interpretadas por ambos países como una puesta en escena deportiva de lo que al final iba a ser un conflicto militar.

Para acabar de condimentar aquel revuelto, el mismo día que se iba a jugar el tercer y definitivo partido, El Salvador rompió unilateralmente las relaciones diplomáticas con Honduras.

Una medida muy poco inteligente sabiéndose, como se sabía que ambos países veían en la confrontación deportiva la tragedia de su enfrentamiento.

El partido lo ganó El Salvador por tres a dos, en el tiempo de prorroga, pues los noventa minutos reglamentarios habían acabado con empate, tras lo cual se produjeron enfrentamientos en los alrededores del estadio Azteca, solventados por el enorme despliegue policial que se había efectuado.

El gol de la victoria lo marcó el delantero salvadoreño Mauricio “Pipo” Rodríguez.

 

“Pipo” Rodríguez con la camiseta de la selección

Pero lo grave se produjo en la frontera entre ambos países donde ciudadanos de uno y otro lado se enzarzaron en combates callejeros, en los que la peor parte la llevaron los emigrados salvadoreños que fueron literalmente masacrados por los hondureños.

Esto hizo que El Salvador decidiera intervenir militarmente y el 14 de julio de 1969 el ejército salvadoreño se lanzó a una invasión de Honduras con ataques aéreos  y escaramuzas tipo guerrilla, como capturas de las guarniciones fronterizas.

En respuesta Honduras hizo lo propio, realizando ataques aéreos a puertos y aeropuertos salvadoreños.

Si no fuera por lo dramática de la situación, el conflicto habría que calificarlo cuando menos de singular.

Los medios aéreos empleados eran obsoletos aviones de hélice que se habían dejado de fabricar muchos años antes y algunos de ellos de transporte reconvertidos como arma aérea.

La OEA (Organización de Estados Americanos) intermedió consiguiendo un alto el fuego que entró en vigor el 20 de julio y las tropas salvadoreñas que habían penetrado en Honduras se retiraron a condición de que se dejara de perseguir a sus compatriotas.

 

Salvadoreños hacinados para la deportación

La contienda dejó centenares de bajas, más en el lado hondureño, pero ambos países sacaron una conclusión que no era otra que la necesidad de rearmarse, lo que hizo que ambos dedicaran gran parte de sus presupuestos a esos menesteres bélicos, desatendiendo otras actuaciones como el Mercado Común Centroamericano que prácticamente desapareció, cuando era un germen para encarrilar adecuadamente la economía de toda la zona.

Aparte de los fallecimientos que se cifran en la cantidad antes señalada, hubieron quince mil heridos y casi la mitad de los salvadoreños que vivían en honduras tuvieron que abandonar el país, después de varias generaciones, además de reforzar el papel político de los militares y en El Salvador, años después, dio lugar a la guerra civil que mantuvo la fuerza armada contra los insurgentes del frente Farabundo Martí, el revolucionario y político del primer tercio del siglo XX.

Una cosa tengo bastante clara: si esos partidos se hubieran jugado diez años más tarde, para la clasificación del Mundial’82 de España, no hubiera habido controversia, pues en las filas salvadoreñas hubiera vestido la camiseta un extraordinario jugador llamado Jorge González, conocido como “Mágico González” que era capaz de las mayores diabluras que se han visto en el fútbol y que seguramente, de no haber sido por su forma de ser, se habría convertido en uno de los mejores jugadores de la historia.

En mi tierra hubo muchas ocasiones para verlo, pues tras el mundial, fichó por el Cádiz y aquí nos deparó días de gloria y de magia futbolística.  

¡Aun se le recuerda!

jueves, 20 de mayo de 2021

CALUMNIAS DE LA SANGRE

 


Algo ocurre al pueblo judío que desde la más remota antigüedad se ha ganado la enemistad, si no el odio, de muchos otros pueblos y religiones. Pero algo tiene también que contra tanta adversidad y a lo largo de casi tres milenios ha sabido sobrevivir, recomponerse y volver a causar el odio y la envidia entre los demás.

Lo estamos viendo estos días en los que Hamas le lanza doscientos misiles al día y su Cúpula de Hierro detiene el noventa y cinco por ciento.

Esos ataque, ahora con armas de alta tecnología, existieron desde siempre, sobre todo entre los cristianos que les acusaban de haber causado la muerte de Jesús, creando un caldo de cultivo en el que se desarrollaron otros odios contra los hebreos, a los que ni aún convertidos al catolicismo, dejaron de azuzar con acusaciones de la más lesa gravedad.

Durante la Edad Media ese odio fue atroz y se materializaba en acusaciones hechas por escrito que recibieron el nombre de Libelos de Sangre o Calumnias de la Sangre.

En ellas se vertía toda suerte de atrocidades efectuadas por los judíos, según las cuales cometían los más abyectos crímenes empleando sangre humana en sus rituales.

Toda la Europa de la Baja Edad Media padeció esta continua muestra de odio y venganza contra los judíos a los que se les veía recreando la muerte de Cristo con el sacrificio de niños cristianos durante la Pascua, tiempo en el que murió Jesús.

Según esas acusaciones un niño cristiano que no hubiera alcanzado la pubertad era secuestrado y a veces comprado a unos padres muy necesitados. Seguidamente era ocultado en algún lugar escondido y seguro hasta el momento de su sacrificio.

En ese momento los judíos se reunían en el lugar de la ejecución que podía ser la propia sinagoga y se iniciaba una farsa teatralizada para juzgar al niño, con muchos visos de parecerse a la pasión y muerte de Jesús, con latigazos, y corona de espinas incluida, crucifixión y lanzazo final.

Eso era lo que incluían los libelos de la sangre, una sarta de mentiras contrarias a todos los principios de la religión judía, cuya enseñanza aboga muy claramente contra el asesinato y el sacrificio de humanos.

Entre los muchos relatos de este tipo que desde el segundo milenio empezaron a circular por toda Europa, también tuvieron presencia en España que no podía quedar al margen y entre las varias acusaciones que corrieron en nuestro país, quizás la más conocida es la del Santo Niño de La Guardia.

La Guardia es un pueblo de la provincia de Toledo, al este de la capital, en donde se daba una gran concentración de judíos. Corría el año 1491 en pleno auge de la Inquisición y en vísperas de producirse la expulsión decretada por los Reyes Católicos.

Según cuenta la tradición en ese delicado momento los judíos deciden dar a los cristianos un escarmiento por lo que ellos están padeciendo: expuestos a la expulsión, a torturas y muerte a manos del Santo Tribunal, confiscación de bienes, desprestigio de los integrantes de la comunidad, algunos de ellos personas muy respetables y necesaria para el buen gobierno del país y la transmisión de la cultura, etc.

Siguiendo siempre la tradición, grupos de perseguidos de las ciudades de Quintanar de la Orden, Tembleque y La Guardia que habían presenciado en sus ciudades la quema de sus correligionarios acusados de herejía y asustados por su futuro inmediato, decidieron castigar ellos también a los cristianos.

Así, entraron en contacto con un judío llamado Benito de las Mesuras, nigromante por más señas, recién llegado de Francia y residente en La Guardia.

Este visionario les aseguró que consiguiendo el corazón de un niño cristiano y una hostia consagrada y quemándolo juntos, se conseguirían unas cenizas que vertidas en las fuentes de los pueblos, produciría en los cristianos un daño irreparable.

De ese modo, dice la leyenda, eligieron a un judío llamado Juan Franco que era carrero y viajaba con sus mercancías de pueblo en pueblo, para que en su deambular procurara hacerse con un  niño cristiano. El carrero llegó a Toledo, donde al pasar por la puerta de la catedral, vio a un niño que junto a su madre pedían limosna. No le costó mucho convencer al pequeño mediante regalos para que se fuera con él y así lo llevó hasta Quintanar de la Orden, donde lo esperaban sus correligionarios. Desde allí lo trasladaron a La Guardia, donde fue encerrado y maltratado.

Los secuestradores esperaron pacientemente al momento de la Pascua Hebrea en el que fue martirizado, crucificado y muerto Jesús, y decidieron que fuera el decimocuarto día de la luna de marzo, el momento de iniciar el ritual, en el que empezaron a aplicarle los mismos tormentos que siglos atrás infligieron a Jesús de Nazaret y dice la tradición que el niño sufrió todo el tormento sin pronunciar una sola queja.

 

Crucifixión del  Niño de la Guardia (grabado del siglo XVIII)

Luego siguieron con el ritual que el nigromante Benito les había marcado, recogieron sangre y con un puñal hurgaron en el costado hasta extraerle el corazón, faltaba la hostia consagrada que encargaron a un sacristán converso, al que le fue muy fácil conseguirla.

Terminada la ceremonia, Benito se dirige hacia Zamora, portando las cenizas, pero es detenido en Ávila acusado de judaizante, sin que en la instrucción de la causa conste en ningún momento la existencias de las cenizas.

Es a partir de los interrogatorios con torturas extremas que se empieza a construir falsamente el ritual al que hacemos referencia. Benito inculpa en el macabro y falso suceso a vecinos de La Guardia, Tembleque y otros pueblos, que al pasar por el Santo Tribunal, van incrementando el número de horrores vividos por el inocente niño. Todo absolutamente falso y sin ninguna base, pues no se tenía registrado en Toledo la desaparición del niño, ni constancia alguna de su real existencia y mucho menos que hubiese sido arrancado del lado de su madre sin que ni ella misma lo advirtiera ni diera voz de alarma.

Pero nada de eso era importante. Lo único que preocupaba era perjudicar al colectivo judío, demonizarlo hasta límites difíciles de entender en un pueblo tremendamente religioso y temeroso de Dios.

No fue esta la primera vez, ni por supuesto la última. Desde los primeros siglos de nuestra Era ya se tienen referencias de autores que describen cómo los judíos engordaban cada año a un griego para comérselo, cosa tan poco creíble como que la religión judía es la más estricta en relación con la alimentación, figurando una larguísima lista de alimentos prohibidos y permitidos (Kosher), así como los utensilios necesarios para cocinarlos.

Pero incluso basado sobre un supuesto falso, el Tribunal consiguió llevarlo a juicio y sentó en el banquillo a Benito, los hermanos Franco y otros vecinos de La Guardia, los cuales fueron llevados a Ávila, no se sabe muy bien por qué razón y allí, tras un proceso cargado de imaginaciones y falsas confesiones impulsadas por los tormentos a los que fueron sometidos, se les condenó a la hoguera.

Similares denuncias seguidas de juicios por actos cometidos por los judíos se han dado en Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, Suiza, Hungría y Ucrania, que se puede considerar el más moderno, pues ocurrió en 1911.

Este caso es conocido como El Proceso Beilis y en el, un empleado de una fábrica de ladrillos de Kiev, llamado Menahem Mendel Beilis fue acusado de haber asesinado con fines rituales a un niño cristiano de 13 años llamado Andrei Yushchinsky, cuyo cuerpo fue hallado el 20 de marzo de 1911 en una cueva cerca de la fábrica de ladrillos.

 

Fotografía de M. M. Beilis

El cuerpo presentaba numerosas heridas producidas por un arma blanca y las primeras actuaciones de la policía determinaron que se trataba de un crimen como muchos otros, cometido por una banda de ladrones que dirigía una mujer llamada Vera Cheberyak, la cual sospechaba que el niño había delatado sus actividades a la policía, conclusión a la que llegaron diversas personas que intervinieron en el proceso, testigos, peritos, investigadores, etc.

Pero algunas organizaciones antisemitas, muy abundantes en la Rusia de los Zares, como la llamada “Centurias Negras”, se aferraron al caso del niño asesinado y acusaron públicamente de haberse cometido un crimen ritual por el colectivo judío.

Se inició una feroz campaña difamatoria contra los judíos, incluida la prensa, que llegó hasta la Duma, el Parlamento ruso, que impulsó una investigación por parte del Ministro de Justicia.

Cuatro meses después de descubierto el cuerpo del pequeño, fue detenido el operario de la ladrillera, Beilis y acusado de haber cometido tan horrendo crimen en la persona de un adolescente.

 

Uno de los muchos folletos antisemitas publicados

Esta acusación levantó una oleada de protestas contra el gobierno zarista, encabezadas por el escritor y político ruso Máximo Gorki y en otros países, como Francia, por Anatole France, pero todo fue inútil. El 25 de septiembre de 1913 se inició el juicio contra Beilis que duró 34 días durante los cuales los mejores juristas del momento se dieron cita para apoyar y defender al pobre judío.

Al final se impuso la cordura, pero solamente a medias, pues Beilis fue declarado inocente de la muerte del joven Andrei Yushchinsky, pero el tribunal sostuvo que la muerte había sido consecuencia de un acto ritual.

Su historia fue reflejada en un libro que Beilis escribió cuando se exiló en Estados Unidos y que se llama “La historia de mis sufrimientos”.

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL MAS RICO DE TODOS LOS RICOS

 

He querido buscar documentación sobre el personaje del que me dispongo a escribir y no he encontrado prácticamente nada en español y si mucho en inglés y alemán, pero eso no me ha hecho desistir de sacar a la luz pública a un hombre, totalmente gris, al que se le considera que ha sido el más rico de todos los ricos que a lo largo de siglos han existido: Jacob Fugger.

Si se pudiera comparar su fortuna con otras perfectamente conocidas, cosa que no es posible por muchas razones, se especula que sería muy superior a la de todos los magnates actuales juntos: Bill Gates, Carlos Slim, Mark Zuckerberg y algún otro. Y sin embargo ha pasado completamente desapercibido y solo algunas personas han tenido conocimiento de su existencia.

Creemos que nuestros financieros actuales, los deportistas, los hombres de negocios o los actores de Hollywood, por citar algunos gremios que se tienen por ganar fortunas, son los que más dinero han ganado, pero no es así. Hoy lo veremos con este casi desconocido personaje y como hace ya unos años hicimos con otro sobre el que publiqué un artículo en 2013 y que se trataba del deportista mejor pagado de la historia que resultaba ser un conductor de cuadrigas romanas (puedes consultar el artículo en este enlace: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/search?q=el+deportista+mejor+pagado ).

En el caso de Jacob Fugger (conocido en España como Jacobo Fúcar) se trata de alguien que vivió en una de la épocas de mayor esplendor que ha experimentado la historia: El Renacimiento, en donde aparte de la proliferación de artistas y humanistas en casi todas las ramas del saber, el mundo occidental estaba conformado por dos grandes poderes que eran el Sacro Imperio Romano y la Iglesia, con su papa al frente.

Pues bien, a esos dos grandes poderes los financió Jacob Fugger, hasta el extremo de que Carlos I de España, no hubiera sido V de Alemania de no ser por las “pelas” que le prestó Jacobo.

Fugger, apodado “El Rico”, nació el 6 de marzo de 1459 en Augsburgo, al sur de Alemania, hijo de un padre con los mismos nombres que fue obrero tejedor, concejal y comerciante y al que para diferenciarlo de su hijo, se le llamaba “Jacob, el Viejo”, el cual siendo de humilde cuna, llegó a ser uno de los hombres más ricos de Augsburgo, claro que nada que ver con lo que llegó a ser su hijo, el noveno de diez hermanos, compuesto por siete varones y tres hembras.

Los cinco hermanos mayores fueron educados por su padre en el mundo de los negocios y las finanzas, pero para Jakob y Markus, el hermano que le precedía, se decidió que debían seguir la carrera eclesiástica, como era costumbre para los segundones.

Así las cosas, ingresaron en el monasterio franciscano de Herrieden, en Baviera, donde el pequeño Jacob fue rápidamente objeto de atención por su preclara inteligencia y el abad le nombró canónigo.

Pero en su familia estaban ocurriendo muchas cosas y así, sus dos hermanos mayores murieron cuando estudiaban en Venecia víctimas de unas fiebres que asolaron la ciudad durante una década. Unos años después, murió su padre y cuatro años más tarde su hermano Peter, el mayor de los hijos, dejando gran parte del negocio familiar en manos de Markus, inmediatamente anterior a Jacob y que tras las muertes familiares había empezado a dirigir la rama del negocio radicada en Italia.

Pero el éxito financiero de la familia llega cuando por diversas vicisitudes, Jacob debe abandonar su formación eclesiástica y dedicarse a dirigir el clan familiar. Ciertamente que había recibido muy poca instrucción financiera, pero era extremadamente inteligente para los negocios y pronto se colocó en la cima de las finanzas europeas, que es como decir del mundo.

 

 

Retrato a plumilla de Jacob Fugger, por Holbein, El Viejo

 

Ciertamente, la actividad económica de la época era escasa, pues no existían las empresas ni las grandes producciones de bienes de consumo. Las sociedades eran autárquicas y casi el único comercio que trascendía fronteras era el de las especias.

Los ricos vivían del trabajos de sus arrendatarios que a cambio recibían la protección del señor, los cuales no se interesaban en ampliar sus capitales. La minería, bastante extendida en Europa se reducía al hierro, el cobre y la plata, con producciones escasas para el gran esfuerzo que suponía arrebatar esos metales a la tierra.

Fugger creó la primera empresa multinacional dedicada a la minería y en poco tiempo monopolizó el comercio de aquellos metales y además creó otra empresa para comerciar con especias.

La minería de metales nobles, como la plata, despertó gran interés en el joven Jacob que empezó a financiar a los trabajadores autónomos de Alemania que a cambio de dinero efectivo, cedían participación en los futuros beneficios, así como vendían la plata directamente al prestamista, que se ahorraba importantes cantidades en intermediarios.

Los beneficios que empezó a obtener le impulsó a extender su actividad a Austria y a Suiza, con lo que internacionalizó sus actividades.

Por estas dos razones, se le considera uno de los fundadores del sistema capitalista, tan denostado en los momentos actuales, pero que es el único que no tiene un creador que no sea otro que la necesidad, ni está sustentado por ninguna ideología, aunque frecuentemente se achaca a la derecha política.

Jacob era un buen comunicador y sabía de la importancia que tiene la información y para eso montó un servicio de transmisión de noticias sobre las actividades mercantiles en distintas partes de Europa, pagando a los mensajeros que le aportaban la información que necesitaba para dirigir su actividad económica. Estas informaciones se transcribían en lo que podría llamarse un ancestro de los modernos diarios.

La Iglesia no permitía que los banqueros pagaran intereses por los depósitos que los clientes poderosos le hacían, lo que constituía un verdadero escollo en una sociedad tan dominada por el credo católico; pero Fugger era poderoso. El papa era un “cliente” suyo, al que había financiado para que se ciñera la tiara papal y le costó poco convencerlo para que levantara tan ridícula prohibición, cosa que el Vicario hizo muy a gusto y Fugger empezó a pagar intereses a las personas que depositaban sus capitales en su banco de Augsburgo.

Siguiendo con la Iglesia propuso la venta de indulgencias, practica que ha durado hasta nuestros días y así, con los capitales recibidos para salvar almas, evadir el ayuno y la abstinencia, ganar indulgencias y otras prerrogativas, financiar las obras de la Basílica de San Pedro.

Este hecho, provocó la rebelión de Lutero y el inicio de la Reforma Protestante, así que Fugger tuvo su parte de culpa en esta nueva situación religiosa.

Tan pronto se conoció el descubrimiento de América, el financiero comprendió la enorme magnitud económica que traería consigo y rápidamente creó un fondo para financiar otras expediciones que sabía que se iban a producir y así costeó el primer viaje portugués a la India y posteriormente el viaje de Magallanes.

El clan familiar que dirigía Jacob fue el principal financiador de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio y por esa razón, a su muerte y sucedido por Carlos V, pasó a ser igualmente el primer financiador del nuevo dueño de Europa.

El poder terrenal y el eterno. Los dos estaban en manos de los Fugger. Maximiliano era un auténtico manirroto, siempre falto de dinero y siempre pidiendo más, acumulando unos deudas astronómicas, para las que ofreció como avales, condados enteros o ciudades con todas sus industrias, las cuales aceptaba Fugger sin ningún remilgo.

Endiosado por su poder y su fortuna tuvo la osadía de hacer ver al emperador Carlos que de no haber sido por él, no hubiera conseguido la corona de emperador y que él muy bien podría haberse decantado por Francisco I de Francia, el eterno enemigo de Carlos, con el que hubiera obtenido grandes beneficios.

Jacobo Fugger murió el 30 de diciembre de 1525 siendo el hombre más rico de Europa, que cabe decir del mundo, con una herencia de más de dos millones de florines que serían hoy unos cuatrocientos mil millones de euros.

A Felipe II también alcanzó la deuda que su padre tenía con los Fugger y que saldó declarando la bancarrota del estado español.

Pero Fugger no solamente estaba interesado en el dinero, pues en un gesto altruista propio de aquella época en la que los principios religiosos primaban y para paliar la angustiosa situación de artesanos y campesinos, explotados por sus señores, Jacob creó los llamados “Fuggerei”, el proyecto social de vivienda más antiguo del que se tiene noticia, que se construyó en su ciudad, Augsburgo y donde por el simbólico precio de un florín al año, las gentes de las clases pobres podía acceder a una vivienda muy digna y suficientemente amplia.

Este proyecto, inaugurado a principios del siglo XVI, está todavía en funcionamiento y actualmente cuenta con 147 apartamentos de 60 metros cuadrados a los que se accede con las mismas condiciones sociales y económicas que cuando se fundó.

 

 

Una cuidada calle del actual Fuggerei de Augsburgo