jueves, 12 de noviembre de 2020

LA AMAZONÍA DE LOS MARES

 


Ese es el nombre por el que se conoce al llamado Triángulo de Coral, una extensa zona del Océano Pacífico que incluye las costas de Indonesia, Malasia, Nueva Guinea, Filipinas y otros pequeños estados insulares. Seis millones de kilómetros cuadrados en total.

Al denominarlo así, se quiere establecer un paralelismo con la zona terrestre que forma la cuenca del río Amazonas y su selva tropical, la mayor del mundo, con siete millones de kilómetros cuadrados y con la mayor biodiversidad del planeta.

El Triángulo de Coral es su correspondiente oceánica, la zona con mayor biodiversidad marina del mundo y allí viven, entre muchas otras especies casi exclusivas de la zona, seis de las siete especies de tortugas existentes, mas de dos mil doscientas especies de peces de arrecife y están presente el setenta y cinco por ciento de las especies conocidas de coral.

De esa enorme diversidad viven más de ciento veinte millones de personas, la mayoría en las grandes islas. Pero existe un pueblo seminómada que también vive en aquella zona, pero de una forma completamente diferente a como podríamos imaginar.

Los Bajau Laut, el pueblo conocido como los “Nómadas del Mar” y también los “Gitanos del Mar”, llevan siglos de adaptación al medio marino hasta el extremo de que algunos de sus componentes, sobre todo gente de más edad, no han pisado nunca tierra firme, salvo para reparar sus embarcaciones.

Construyen sus poblados a la manera de palafitos cuando aprecian riqueza de fauna en el lugar y su intención es asentarse más tiempo o incluso con carácter definitivo, pero en otro caso, juntan varias embarcaciones que ellos llaman “lepa-lepa” y en ellas hacen toda su vida. No se suelen alejar demasiado de la costa, salvo para expediciones de pesca, cuando el lugar queda desabastecido por la masiva pesca, se trasladan a otro.

Su trashumancia marina se debe a la constante búsqueda de caladeros en donde practicar la pesca que se basa fundamentalmente en peces de gran calidad gastronómica, como meros, pargos o los apreciados “pepinos de mar” e incluso las perlas.

 

Triángulo de Coral

 

Sus capturas no son exclusivamente para alimentarse, sino que gran parte de ellas está destinada a la venta, para lo que los comerciantes de las zonas se acercan hasta sus poblados para comprar el pescado, o cambiarlo por artículos de primera necesidad o alimentos de origen terrestre.

Evidentemente este pueblo vive feliz, haciendo lo que quiere y en libertad absoluta de movimientos, pero observa una economía de subsistencia que revierte en su alimentación casi exclusivamente de productos de la mar. Consumen pocos cereales y verduras y mucha menos carne de ganado. Ese tipo de alimentación y los numerosos accidentes que sufren, hace que la vida media de estas tribus sea muy corta.

Durante la segunda Guerra Mundial entraron en contacto con los ejércitos japonés y norteamericano, los cuales introdujeron costumbres perniciosas, a la larga, para su supervivencia. Éstos les enseñaron a pescar con explosivos, lo que produce una matanza indiscriminada de peces, a la vez que la destrucción del arrecife de coral, base fundamental de su sustento que presenta un crecimiento tan lento que no llega a recuperarse de las continuas agresiones a las que se ve sometido.

Luego, los comerciantes a los que vendían sus capturas, les enseñaron a emplear el cianuro que produce un adormecimiento de los especímenes que permite cogerlos vivos, aunque el veneno también destruye las formaciones coralinas.

Así contribuían al doble negocio de peces del arrecife para acuarios marinos, algunos de los cuales llegan a alcanzar precios altos y satisfacer el gusto asiático por consumir pescado vivo y crudo, siendo Hong Kong su principal cliente.

Su pueblo, los Bajau, está integrado por varias tribus que tienen grandes diferencias entre ellas, ya sea cultural, lingüística o religiosa.

 

Asentamiento típico de los Bajau Laut

 

En cualquier caso, todas las tribus presentan el denominador común de su perfecta adaptación al medio marino, en el que pueden ver si ayuda de gafas de buceo y permanecer largos periodos de tiempo en inmersión gracias a una particularidad genética que han ido desarrollando y es que tienen el bazo mucho más grande de lo normal, lo mismo que les ocurre a casi todas las especies de mamíferos marinos como focas, delfines, ballenas, etc.

Esa cualidad les permite permanecer hasta trece minutos sin respirar y sumergirse a sesenta metros de profundidad, pues al producirse la inmersión y la ausencia de respiración, el bazo se contrae y libera una gran cantidad de glóbulos rojos, totalmente oxigenados que al incluirse al torrente sanguíneo aportan a las células el oxigeno que necesitan.

Otra característica de su sistema sanguíneo es que en las inmersiones la sangre circulante por brazos y piernas se retira, pasando a irrigar más copiosamente pulmones y cerebro.

La primera referencia que se tiene de este singular pueblo es de principios del siglo XVI, cuando los portugueses mencionaron haber encontrado tribus que vivían exclusivamente del mar y para el mar.

Pero los científicos que se han preocupado por tratar el tema creen que este pueblo ha debido iniciar su extraordinaria forma de vida muchos siglos antes, pues las mutaciones genéticas que en  ellos se observa, no se pueden haber producido en tan corto espacio de tiempo.

A pesar de los siglos que los Bajau vienen observando tan característico estilo de vida, su existencia pasaba desapercibida y prácticamente ningún científico ni naturalistas sentían curiosidad por estos grupos tribales, siendo muy posible que su existencia fuera completamente ignorada.

Pero tras el tsunami de 2004 en el Océano Índico, el antropólogo y fotógrafo marino británico James Morgan que realizó muchos estudios sobre el cataclismo, observó un dato curioso y es que entre las tribus de Bajau Laut apenas se produjeron víctimas, aun cuando vivían en zonas costeras muy castigadas por el tsunami.

Esta circunstancia despertó su curiosidad y ha sido el primer investigador moderno en interesarse por este singular pueblo. Morgan ha descubierto ciertas circunstancias dignas de sacarlas a colación.

En primer lugar es que empiezan a bucear cuando son muy pequeños y sus tímpanos no resisten la presión de la profundidad y les revientan, por lo que entre ellos hay una gran cantidad de sordos. Bucean tanto hombres como mujeres, por lo que ningún sexo se escapa a los problemas de las inmersiones profundas y prolongadas, donde el consumo de oxigeno ha sido excesivo y la prisa por alcanzar la superficie y respirar produce el síndrome de descompresión que causa la muerte de muchos jóvenes. No es desdeñable el ataque de tiburones que produce siempre numerosas bajas.

Observó que entre los Bajau había personas, hombres y mujeres con graves deformidades en el rostro, efecto de las inmersiones sin esperar a la descompresión.

 

Mujer con el rostro desfigurado por efecto de la descompresión

No están muy claras las razones por las que el tsunami no los castigó y Morgan cree que se debió a que ese pueblo marinero sabe “leer el mar”, como algunos pueblos primitivos sabían “leer el terreno” y eso les hizo tomar precauciones con mucho adelanto.

De la misma manera que pueblos pastores y agricultores abandonan cada vez más sus territorios para trasladarse a las zonas civilizadas, los nómadas del mar están experimentando esa hégira y hay quien piensa que estamos ante la última generación que conservará su tipo de vida.

A esto ha contribuido los programas de los distintos gobiernos de los países entre los que están repartidos que obligan a los Bajau a vivir en tierra, recibir una instrucción y adaptarse a las leyes del lugar, prohibiendo la sobre explotación de los arrecifes. 

Por esa razón muchos jóvenes se marchan a las ciudades costeras en busca de una vida mejor y más fácil.

jueves, 5 de noviembre de 2020

FRANCISCO DE MIRANDA

 

El responsable de la política exterior de la Unión Europea es el español José Borrell en el que muchos habíamos confiado que al integrarse en el gobierno de Sánchez, introduciría, aunque fuera una pizca, sensatez, sentido de estado y moderación.

Me parece que no ha sido así y Borrell ha derivado su trayectoria de muchos años de demócrata intachable, para acomodarse a no sabemos qué aspiraciones que le iluminan o miedos que le atenazan.

Y digo todo esto, que no viene a cuento con el contenido de este artículo, porque días pasados, Borrell, el responsable de la política europea y vicepresidente de la Comisión Europea, envió un avión privado con dos personas y el encargo de mantener algunas oscuras conversaciones con el gobierno de Venezuela para conseguir que el presidente/dictador Maduro retrase las elecciones en dicho país.

El avión privado aterrizó en el “Aeropuerto de la Base Militar Francisco de Miranda”, a la que se conoce popularmente como “La Carlota”.

El resto de esta lamentable historia se irá viendo más adelante, ahora es el nombre de la Base Militar lo que importa y es que hace un par de semanas, un amigo que sigue mis artículos en el blog me comentaba que tenía que sacar del olvido a un personaje importantísimo en la independencia de Venezuela llamado Francisco de Miranda que había muerto precisamente en mi pueblo, San Fernando y más concretamente en la prisión militar del Arsenal de La Carraca, conocida como Penal de Cuatro Torres.

Como ya he dicho en ocasión anterior, refiriendo alguna anécdota personal, yo hice el servicio militar precisamente en aquel Arsenal y el que fuera Penal de Cuatro Torres se había convertido en Cuartel de Cuatro Torres, hasta que unos meses antes de licenciarme, al inaugurarse un nuevo cuartel para la marinería, el de Cuatro Torres volvió a convertirse en prisión.

 

Edificio del siglo XVIII conocido como Penal de Cuatro Torres

 

Así que en aquel viejo edificio en el que tantas horas había pasado tuvo su última residencia Francisco de Miranda, un militar venezolano al que se recuerda en su país y cuyo nombre lo lleva una de las más importantes bases militares.

Pero, ¿quien fue este importante militar venezolano cuyo nombre está inscrito en el Arco del Triunfo de París? Y no solo eso, tiene un cuadro con su retrato colgado en Versalles y una estatua en el Campo de Valmy, lugar donde se celebró la batalla del mismo nombre.

Francisco de Miranda era hijo de Sebastián de Mirada, canario originario del Puerto de la Cruz, en Tenerife, cuyo nacimiento estuvo envuelto en la duda de que su padre era un indígena guanche.

Muy joven, emigró a Venezuela, estableciéndose en Caracas como comerciante y contrayendo matrimonio con una mujer caraqueña de clase media llamada Francisca Rodríguez. Gracias a la voluntad y el tesón de Sebastián, consiguió reunir una pequeña fortuna que allanó muchos de los inconvenientes que su supuesto mestizaje le acarreaba.

Así, entre otras cosas, consiguió que contra muchas opiniones, se le aceptara como Capitán de las Milicias de Blancos de Caracas, cuerpo militar de élite, una de cuyas formas de ingreso era mediante donaciones para la compra de material militar.

Fruto de su matrimonio con Francisca, vino al mundo Francisco, que nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Con doce años inicia sus estudios en la entonces llamada Clase de Menores de la universidad de Caracas y dos años más tarde pasó a la Clase de Mayores, estudiando latín, gramática española y catecismo, así como historia, aritmética, geografía, arte, lógica, física y en 1767 obtiene el título de bachiller.

Junto a su padre vivió el fuerte enfrentamiento que se empezaba a extender entre los “blancos españoles y los blancos criollos” que sería el germen de todas las luchas por la independencia de Hispanoamérica.

Partidario realista, es decir, de la corona española, decide embarcarse para España con la idea de servir en el ejército español, con el que combatirá largamente en Europa, África y América, participando en eventos tan trascendentales como la independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y los procesos de independencia de la América Hispana.

Con el grado de capitán estando destinado en la guarnición de Melilla, participa en su defensa contra las hordas del Sultán de Marruecos y seguidamente en una expedición militar contra Argel.

En 1781 participa en el refuerzo de la plaza militar de Pensacola, en la Florida, contra los ingleses, momento de la heroica gesta de Bernardo Gálvez relatada en mi artículo que puedes consultar en este enlace: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/el-heroe-de-macharaviaya.html

Su comportamiento militar le valen un ascenso a teniente coronel, pero es más importante la evolución que experimenta en sus ideas en ese momento, cuando empieza a contemplar el nuevo concepto de una gran patria, a la que en su pensamiento denomina Colombia.

Su carrera militar sigue en ascenso y un año más tarde participa en una expedición que parte de Cuba para conquistar las islas de las Bahamas, en poder de los ingleses. Conseguida la capitulación de las tropas inglesas, se ve envuelto en un lio al que le lleva la envidia y la suspicacia de algunos molestos por la fama que estaba adquiriendo y se ve forzado a marcharse a los recién constituidos Estados Unidos, donde permanece año y medio que aprovecha para estudiar en profundidad el proceso independentista a la vez que traba amistad con George Washington y con el general francés La Fayette.

Concibe en esta época su primer esbozo del proyecto de independencia de todo el continente americano y se embarca en la dura tarea de lograr la ayuda de los distintos países europeos para conseguir independizar el continente americano.

Pero no era el momento propicio. La Revolución francesa se estaba gestando y Miranda no consigue que nadie le haga caso para arreglar un problema a muchos miles de kilómetros de casa, cuando estaba cayendo una verdadera tormenta en Europa.

Miranda no pierde el tiempo y se dedica a ampliar su ya extensa cultura, dominando el latín y el griego y otros cuatro idiomas modernos y en su vivienda en Londres llegó a juntar una biblioteca de más de seis mil volúmenes.

Después de viajar incansablemente por toda Europa, exponiendo su proyecto de emancipación, en 1792 recaló en París, donde establece una solida amistad con el alcalde de la ciudad, Jerónimo Petión que apoya su aspiración de ingresar en el ejército francés, cosa que consigue, siendo nombrado Mariscal de Campo del Ejército Revolucionario.

Sus constantes movimientos preparatorios de la independencia americana no son desconocidos del gobierno español que comienza a someterlo a una discreta vigilancia, mientras prepara la solicitud de extradición para aplicarle la legislación española.

Como mariscal del ejército francés obtuvo notables victorias frente al ejército prusiano, llegando a ser jefe del ejército francés del Norte de Europa. La envidia, amparada por algunas actuaciones desfavorables le hacen perder la confianza del ejército francés y en 1795 regresa a Londres donde nuevamente busca apoyos para ejecutar su plan independentista.

Tras muchas vicisitudes, decide regresar a Venezuela después de haber tenido conversaciones con la llamada Junta Suprema del Gobierno de Caracas, en la que está integrado Simón Bolívar y unos años después es nombrado Teniente General de los Ejércitos de Venezuela.

Inicia entonces una etapa como político, integrado en el llamado Congreso Constituyente que termina proclamando la independencia el 5 de julio de 1811.

Pero resulta un sueño efímero. Las tropas realistas, es decir las que permanecen fieles a la corona española derrotan a Bolívar y Miranda se ve obligado a negociar el fin de aquella primera república.

Renuncia a sus cargos cuando empieza a comprender que es rechazado en muchos círculos y prepara la salida del país, pero es detenido por un grupo de militares, entre los que precisamente se encontraba Simón Bolívar y acusado de traición es entregado a las fuerzas realistas.

Inicia allí un periplo por cárceles americanas hasta que a principios de 1814 es trasladado a La Carraca, donde es encerrado en un  calabozo del Penal de Cuatro Torres.

Allí permanece por espacio de dos años, hasta su muerte que se produce el 14 de julio de 1816.

Evidentemente lo expuesto en este artículo es tan sucinto que muchas cosas escaparán a la comprensión del lector, pero es que la densidad que llegó a alcanzar la vida de Francisco de Miranda fue tal que para explicarla con cierta ilación sería necesario todo un libro, pero se comprende la inquietud del personaje, su valía como militar y su reconocimiento por parte de los ejércitos de diferentes países, en donde, además, era tenido por un hombre de una gran cultura, considerándosele precursor de la Independencia Hispanoamericana y el “criollo”, es decir, hijo de españoles nacido en América, más culto de su tiempo.

El pintor venezolano Arturo Michelena recreó en esta pintura su estancia en el penal gaditano.



jueves, 29 de octubre de 2020

OTRO SABIO OLVIDADO

 

He escrito muchos artículos sobre personajes importantes de la historia, las artes, las letras o los ingenios que han sido olvidados e incluso no se han llegado a conocer. Esa es una de las finalidades de este blog, sacar del olvido a personajes ilustres que por sus aportaciones deberían haber disfrutado de un permanente reconocimiento.

 Este país nuestro tiene la extraña tendencia a arrinconar verdaderos genios porque no eran de la ideología imperante, se oponían con sus descubrimiento a la ciencia ortodoxa o lo que es aún más injusto, chocaban con preceptos arcaicos e inamovibles de la santa madre Iglesia.

Sobre todo, si los motivos eran religiosos, los casos solían ser más dolorosos de lo normal, porque entre otras cosas se podía terminar completamente desacreditado o en la hoguera, por no mencionar que la pureza de sangre era una verdadera atrocidad que cercenaba el desarrollo del conocimiento por el simple hecho de haber nacido en una familia de judíos aunque por generaciones hubiesen renunciado a su religión.

En este caso, el ignorado personaje es de primera fila, aunque parece que ni siquiera se sentaba en el patio de butacas. Se trata de un aragonés llamado Pedro Juan de Lastanosa, nacido en 1527 en Monzón, en la provincia de Huesca, casi limítrofe con Cataluña; fue el menor de ¡veintiún hermanos!, perteneciendo a una familia de rancio abolengo, uno de cuyos antepasados guerreó con el rey aragonés Jaime I el Conquistador.

Sin embargo, mediado el siglo XVI, hubieron de trasladarse a Huesca por las continuas desavenencias con sus vecinos que los tachaban de conversos, aunque muchos de los componentes de la larga familia de los Lastanosa habían venido desempeñando cargos importantes en la corte de Aragón, incluso ejercieron mecenazgo en las artes y las letras.

Sin ningún lugar a dudas, de todos los miembros de esta larguísima familia el protagonista de esta historia es el más destacado.

Estudió en las universidades de Huesca, Alcalá de Henares, Salamanca, París y Lovaina, de donde salió doctorado en buenas letras, matemáticas y en teología, materia indispensable en la época para continuar la formación en otras facetas del saber.

Debió ser un erudito en muchas materias pues a la formación que recibió en tan importantes universidades habría que agregar la adquirida en la extensa biblioteca familiar que él mismo fue ampliando y que se consolidó años más tarde con un nieto de su hermano mayor, Vicencio Juan de Lastanosa, cuyo amplísimo inventario es conocido, pues se recuperó un códice en el que se relacionan todos los libros componiendo una relación muy extensa.

A mediados del siglo XVI, Pedro Juan se encontraba en Bruselas, donde se sabe que colaboraba con el famoso cosmógrafo, matemático e ingeniero español Jerónimo Girava.

Estando en Bruselas, el emperador Carlos V les ordenó a ambos trasladarse a Nápoles para solucionar serios problemas de abastecimiento de aguas que tenía la ciudad, que desde época romana se había venido surtiendo por un acueducto que aun estaba en funcionamiento, pero de escaso caudal para las necesidades de la populosa urbe en que Nápoles se estaba convirtiendo.

Este acueducto utilizaba las aguas de un río llamado Serino y a través de un recorrido de setenta y siete kilómetros, llegaba a Nápoles, pero lo que había sido suficiente hasta entonces, ya no lo era porque la ciudad se había convertido en la capital del virreinato español y sus proporciones habían aumentado de manera exponencial. Aparte de eso, en varias zonas del largo recorrido presentaba deficiencias propias de la vetustez de la obra.

Con este motivo Lastanosa elaboró un dictamen exhaustivo que sirvió de base para acometer el proyecto de reparación, y aumentar la traída de aguas con las procedentes de una fuente situada en la falda del Vesubio.

Mediados los años sesenta de aquel siglo, Lastanosa debía tener conocimientos y reconocimientos suficientes para que el rey Felipe II lo nombrase “Criado ordinario”, según consta en documento acreditativo de tal nombramiento que dice:

“Habiendo tenido relación  de las letras, suficiencia, habilidad y experiencia que vos Pedro Juan de Lastanosa tenéis en cosas de fábricas, fortificaciones, máquinas y otras cosas que podrán ser de importancia a nuestro servicio, nuestra merced y voluntad es de os recibir, como por la presente os recibimos, por nuestro criado ordinario…”

No he sido capaz de averiguar en que consistía exactamente el cargo de criado ordinario, pero sí que éste estaba apoyado por un sueldo de trescientos ducados anuales y otros beneficios que por estar cerca del rey, reportaba. A cambio debía acudir a consulta en cualquier lugar dentro de las fronteras del imperio, para asuntos en los que fuera menester su profesión y sus conocimientos.

Desde entonces y hasta después de su muerte sus herederos, estuvo cobrando el sueldo asignado, lo que le permitía vivir con holgura y relacionarse con personajes de la ciencia y la cultura.

Se sabe que tuvo íntima relación con el célebre catedrático de matemáticas de Alcalá de Henares, don Pedro de Esquivel, con Juanelo Turriano y con Arias Montano.

(Sobre ambos he publicado sendos artículos que puedes consultar aquí:

http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2013/03/la-calle-del-hombre-de-palo.html

y aquí: http://unalupasobrelahistoria.blogspot.com/2020/10/v-behaviorurldefaultvmlo.html

 

Así como con los arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera entre otros muchos.

De sus conocimientos en determinadas materias, todas relacionadas con la construcción, cabe destacar que las obras hidráulicas fueron una de sus especialidades.

Además de lo visto en Nápoles, Lastanosa participó como ingeniero en las obras del Canal Imperial de Aragón que se convertiría en una de las obras hidráulicas más importantes de Europa y que servía como canal de riego y de navegación, por donde se transportaban mercancías y viajeros, además de asegurar el regadío entre las localidades de Tudela y Zaragoza.  El canal corría casi paralelo al río Ebro por su margen derecha y su finalidad era hacer navegable este tramo de ciento diez kilómetros, salvando desniveles con ingeniosos sistemas de esclusas; diseñó las canalizaciones de riegos en Murcia y participó en el dibujo del mapa topográfico de España.

Fue inventor de varias máquinas, entre ellas el molino de pesas, cuya efectividad no estuvo nunca suficientemente contrastada, pero poseía varios privilegios de invención, las actuales patente, lo que indica que registró sus inventos.

Su amistad con Arias Montano le hizo intervenir en la ordenación de la Biblioteca de El Escorial, formando parte del grupo de intelectuales escogidos para llevar a cabo tan ardua tarea.

 

Una de las salas de la Biblioteca Escurialense

Lastanosa murió en Madrid en el año 1576 y en el inventario de sus bienes que se conserva en el Archivo de Protocolos de Madrid, se hace una relación exhaustiva de los mismos, que evidentemente corresponden a una persona de alto rango social en cuanto a bienes materiales y ese mismo rango referido a su intelectualidad, pues poseía una biblioteca con quinientos volúmenes, cifra impensable para una colección privada en aquella época.

Hacia 1565, el rey Felipe II, con una visión de estadista poco común, ordenó hacer una “Descripción Corográfica de España” que no es otra cosa que levantar un mapa lo más certero posible de todo el territorio nacional, tarea ingente, por cierto, para lo que se empleó el sistema conocido como triangulación. Así, se determinaría la posición exacta de poblaciones y accidentes geográficos de todo tipo, convirtiéndose dicho trabajo en el primer intento de descripción geodésica de un país.

En España el sistema empleado para el levantamiento de esos mapas era completamente desconocido, incluso para un matemático del prestigio de Esquivel y fue Lastanosa el encargado de enseñar la técnica al profesor, técnica que él había aprendido en sus tiempos de Bruselas al lado del ingeniero y cosmógrafo Jerónimo Girava.

Naturalmente la extraordinaria tarea que suponía el levantamiento detallado de toda la geografía española quedó inconcluso y aunque fue luego continuado por diferentes técnico, lo cierto es que no vio su fin.

Indudablemente estamos ante un hombre de conocimientos muy superiores a los de su época y que, si además fue el autor del famoso libro que en mi anterior artículo relataba, lo convertirían en un inventor de la altura de Leonardo da Vinci.


jueves, 22 de octubre de 2020

LOS PRIMEROS MESTIZOS

 

El personaje de esta historia es controvertido desde su nacimiento. No se sabe a ciencia cierta ni su fecha, que debía ser alrededor de 1470, ni si nació en Palos de la Frontera o en Palos de Moguer, dos localidades que rivalizan por llevar el nombre de Palos, que procede del latín “palus”, laguna.

Su nombre era Gonzalo Guerrero, pero también lo conoce la historia como Gonzalo de Aroza o Gonzalo Marinero.

Lo más cierto de su vida es que fue el primer español que decidió hacerse mejicano por decisión propia, decisión que le valió el ser conocido entre los españoles como “El Renegado” y actualmente, por los mejicanos, como el “Padre del Mestizaje”.

Soldado del ejército de los Reyes Católicos, participó como arcabucero en la conquista de Granada a las órdenes del Gran Capitán, en cuyo campamento conoció a Cristóbal Colón.

Con el Gran Capitán marchó a Nápoles, participando activamente en todas las actuaciones de los que más tarde serían los famosos Tercios Españoles.

Pasarían así unos años en los que nada se conoce de la vida de Gonzalo, el cual debió viajar a América a principios del siglo XVI y ya en 1510 se le sitúa en un territorio recientemente denominado Veragua, situado en América Central, en las actuales Nicaragua, Costa Rica y Panamá, del que era gobernador Diego de Nicuesa, un conquistador castellano.

El momento histórico y la zona geográfica se convirtieron en un campo de batalla donde los intereses encontrados de los distintos conquistadores, no terminaban nunca. Todos querían fortuna y poder y rivalizaban entre ellos por alcanzar ambos deseos.

Alonso de Ojeda, otro de los conquistadores, fue nombrado gobernador de un territorio denominado Nueva Andalucía, limítrofe con el de Veragua, gobernado por Nicuesa.

Gonzalo tomó partida con este último y a sus órdenes embarcó con intención de dirigirse a Santo Domingo para cargar esclavos, uno de los negocios que pese a estar terminantemente prohibido, se ejercía con cierta tolerancia y que resultaba ser de los más provechosos.

Pero una fortísima tormenta, quizás uno de los muchos huracanes de la zona se hizo presente al tercer día de navegación, desviándolo de su ruta y después de muchas millas, el barco naufragó cerca de la península de Yucatan, aún por descubrir, en una peligrosa zona de bajíos llamados de las Víboras.

Apenas veinte hombres consiguieron salvar la vida y reparando un pequeño batel que como embarcación auxiliar llevaba su buque, sin remos ni velas se hicieron a la mar con la esperanza de que las corrientes los llevasen a tierra.

De los veinte que iniciaron esta aventura solamente consiguieron llegar a las costas de Yucatán ocho hombres.

Encontraron en estas nuevas tierras un peligro añadido a su ya notable debilidad física, pues durante la travesía pasaron grandes penalidades, viéndose en la necesidad de beber su propia orina para no resultar deshidratados.

Hubieron de enfrentarse a unos nativos belicosos y aguerridos llamados “cocomes”, una tribu que se integraba dentro de los mayas, los cuales prendieron a los españoles a alguno de los cuales sacrificaron a sus dioses.

Según cronistas, ofrecieron a los más delicados de salud, reservando a los demás con el fin de engordarlos para posteriores sacrificios y banquetes rituales.

Los pocos supervivientes consiguieron escapar, pero fueron nuevamente capturados por los nativos que los esclavizaron y distribuyeron, por separado, entre los jefes de aquella tribu.

Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar se convirtieron en servidores de la casa del cacique maya de Chetumal, actual provincia de Quintana Roo, llamado Na Chan Can y más concretamente, Gonzalo, pasó a su servicio personal.

Hombre curtido, inteligente y experimentado de la vida, pronto comprendió que había de doblegarse a su nueva situación, si es que quería conservar la vida y así, poco a poco fue ganándose la confianza de su señor e integrándose en las costumbres y cultura maya.

Empezó por vestir como los mayas, agujerearse las orejas y el labio inferior y colgarse amuletos y hasta adoptó la religión de los indígenas.

Apaciguada la inicial animadversión hacia su persona, pronto tuvo ocasión de ganarse un puesto de mayor rango en la tribu, con ocasión de las continuas batallas que se daban entre tribus vecinas.

El conocimiento militar de Gonzalo lo hizo destacar como hábil estratega y comenzó a instruir a los nativos en tácticas de guerra, así como en la construcción de trincheras, fuertes, baluartes. Una labor muy importante fue la de eliminar el miedo que la pólvora producía en los indios y enseñarle la estrategia necesaria para vencer a los conquistadores, a los que presentaba como hombre normales.

De siervo de su amo paso a yerno, cuando la hija del cacique, Zazil Can, puso sus ojos en aquel hombre fuerte y decidido que llevaba a sus guerreros a continuas victorias.

Se desconocen otros detalles de la hija del cacique con la que formó una familia y cuyos hijos se convirtieron en los primeros mestizos del continente americano.

En 1519 Hernán Cortés, que marchaba a la conquista de Méjico, desembarcó en la isla de Cozumel, frete a la península de Yucatán, en donde algunos indígenas le informaron que por allí había dos náufragos españoles que llevaban mucho tiempo entre ellos.

Cortés vio la posibilidad de utilizar a aquellos hombres en su expedición, ya como “lenguas”, ya como soldados conocedores de las costumbres bélicas de los nativos, y así, despachó misivas invitándoles a unirse a su expedición.

La acogida de la invitación tuvo dos posturas encontradas. Jerónimo de Aguilar, que seguramente no se integró en la sociedad maya de la misma forma que hiciera Gonzalo, no dudó en reunirse con los españoles a los que acompañó con notable éxito, dado su conocimiento de la lengua maya.

Por el contrario Gonzalo, ya más maya que castellano, rehusó el ofrecimiento alegando que su mujer y sus hijos  eran más importantes que la gloria de la conquista.

Cortés le hizo una contra oferta: podía llevar con él a su familia; pero Gonzalo alegó entonces que era un esclavo del cacique y que no tenía opción de elegir.

Y pasaron los años y Gonzalo seguía integrado en la sociedad que lo había acogido, por cuya razón pensaba que debía estarle agradecido, pues podría haber terminado en el ara del sacrificio y su corazón, aun latiendo, devorado por los nativos.

Así que permaneció fiel a los mayas hasta sus últimos días y no solamente guerreó contra tribus rivales, sino que se enfrentó a todos los intentos españoles por conquistar Yucatán, lo que hizo que la conquista se demorara por años.

En el año 1527, el Adelantado Francisco de Montejo, intentó que Gonzalo se uniese a sus tropas y le ayudara en la conquista, sabiendo del prestigio militar y guerrero que había alcanzado. Así, le escribió una carta invitándole a que abandonara su vida india y volviera al servicio de la Corona, con la promesa de los más altos honores.

Pero el Renegado Guerrero decidió continuar fiel a su pueblo de adopción y en el reverso de la esquela, escribió de su puño y letra que como esclavo no tenía opción de elegir, el mismo argumento ya utilizado, pero que los españoles podían considerarlo su amigo.

Pero ya no era amigo de los españoles, ni súbdito de su corona, era un maya más que adivinando las intenciones de Montejo comenzó a organizar la fortificación de la ciudad.

El Adelantado creó en Yucatán una pequeña ciudad a la que llamó Salamanca, nombre con el que, por añadidura, empezó a conocerse la península de Yucatán y que pronto quedó en desuso, a favor del nombre que los indígenas daban a su tierra.

Desde la nueva ciudad, Montejo lanzó un ataque contra Chetumal con sus fuerzas divididas en dos grupos que por el norte, al mando de Alonso de Ávila con fuerza de caballería y el sur, con fuerzas mandadas por él, atacarían conjuntamente para coger a la tribu entre dos fuegos, pero Gonzalo, advertido de la maniobra obró con astucia enviando falsos informadores a cada uno de los grupos de españoles y haciéndoles creer a los de Ávila que Montejo había muerto en una escaramuza con los indios, mientras a éste le llegaba información de que Ávila y su gente habían sido esquilmados.

Ambos muy ingenuos, se dejaron engañar y decidieron volver a la recién creada ciudad, donde comprobaron hasta que punto habían sido engañados por la astucia de Gonzalo.

Posteriores intentos de conquistar Yucatán, fracasaron estrepitosamente frente a las hordas indias capitaneadas por Gonzalo que, además, con sus triunfos había conseguido erigirse en líder de muchas otras tribus que se le fueron uniendo, formando un frente común contra los conquistadores españoles.

De ese modo, años más tarde, cuando Alonso de Ávila intentó nuevamente la conquista del territorio, tuvo que enfrentarse a una sublevación indígena de formidable tamaño que no pudo sofocar y tuvieron que huir en canoas hacia Honduras.

Hacia 1536, la fama de Gonzalo era tal que tribus de etnia maya que habitaban Honduras, reclamaron su ayuda para enfrentarse a los españoles. No lo dudó y acudió con sus hombres en auxilio de sus compatriotas de adopción, pero en esta ocasión tuvo poca fortuna pues fue alcanzado por un disparo de arcabuz y murió.

Un informe del gobernador de Honduras, Andrés de Cereceda, fechado el 14 de agosto de 1536 dice que entre los muertos de la contienda fue encontrado el cadáver de un hombre blanco, con vestimenta de indígena y pintado a la manera de un indio.

Historia y leyenda combinadas en un personaje ambivalente que para los hispanos era un renegado y para los nacionalistas mejicanos un mártir de la lucha contra el imperialismo.

En  numerosas ciudades de Yucatán hay estatuas dedicadas a este personaje en las que se le representa como gran guerrero, pero también como cabeza de familia, acompañado de su mujer e hijos.

Una de las muchas esculturas del personaje